En nuestra columna anterior, titulada “Que vuelva el espíritu de Vida y Futuro”, nos unimos a muchas voces que, en Colombia y particularmente en nuestra región, han clamado para que, frente a la coyuntura catastrófica generada por el terremoto del 10 de agosto, se aplique un modelo inspirado en el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (FOREC).
Argumentamos entonces que sería insensato comenzar de cero cuando el país ya tuvo una fórmula que funcionó, y que tampoco sería sensato entregar una tarea de semejante magnitud exclusivamente a administraciones públicas cuya responsabilidad institucional está sometida a ciclos políticos de cuatro años.
Y fuimos claros: “No se trata, necesariamente, de repetir exactamente lo que se hizo hace 27 años, porque los parámetros de gestión han cambiado y, precisamente por la tragedia de 1999, el país avanzó en la forma de atender los desastres bajo las indicaciones de Planeación Nacional.
Se trata de recuperar el espíritu, la independencia y la capacidad de convocar a los sectores sociales y empresariales desde la gestión de la sociedad civil y, sobre todo, de lograr un compromiso con una reconstrucción transparente, técnica y pensada para varias décadas.”
En su alocución del 17 de agosto de 2026, el presidente de Colombia, Abelardo De la Espriella, afirmó: “Me estoy inspirando con todo el equipo económico en el FOREC, que atendió el terremoto del Eje Cafetero para replicar los aciertos de ese fondo y evitar los errores que se cometieron en ese momento”, y anunció la creación del “Fondo Milagro”, destinado a estructurar el plan de reconstrucción de la Patria.
La decisión confirma lo que habíamos señalado: la experiencia del FOREC constituye un referente que no debería ser ignorado.
En retrospectiva, entre los principales aciertos del FOREC estuvieron, entre otros, los siguientes: no se limitó a reconstruir edificios, sino que buscó reconstruir la región y su tejido social; incorporó a las comunidades en las decisiones que las afectaban; utilizó organizaciones de la sociedad civil como operadores; y aprovechó la reconstrucción para mejorar buena parte de lo que existía antes del desastre.
Si estos aciertos son reconocidos, cabe preguntarse: ¿a qué se refieren los errores mencionados por el presidente? Es posible que tengan relación con las dificultades que surgieron para lograr acuerdos con algunos actores políticos regionales, precisamente como consecuencia de haber separado el proceso de reconstrucción de los circuitos políticos ordinarios.
Pero, cualquiera que sea la respuesta, hay algo que consideramos indiscutible: no sería sensato desperdiciar el conocimiento y la experiencia que la sociedad civil organizada adquirió durante la reconstrucción posterior al terremoto de 1999.
Por esa razón, la Corporación VIGÍA Cívica ha decidido asumir una responsabilidad concreta: establecer, en nombre de la comunidad, un mecanismo de control ciudadano sobre el proceso de reconstrucción de Pereira y Risaralda, mediante una Veeduría Ciudadana articulada por nuestra Corporación.
Su propósito será acompañar, vigilar y contribuir a que las decisiones, inversiones y contratos que se adopten respondan al interés general, se desarrollen con transparencia y eficiencia y produzcan los resultados que la ciudadanía espera.
La veeduría será, ante todo, un instrumento de participación ciudadana. No pretende sustituir a las autoridades ni convertirse en un obstáculo para la reconstrucción. Por el contrario, busca ayudar a garantizar que esta tragedia se convierta en una oportunidad para construir un territorio más seguro, resiliente, equitativo y preparado para el futuro.
La magnitud de los recursos, proyectos y decisiones que demandará la reconstrucción exige un control ciudadano permanente, independiente y constructivo. Un control capaz de contribuir a prevenir riesgos de corrupción, sobrecostos, improvisaciones o desviaciones de los objetivos previstos, pero también con la capacidad de aportar conocimiento y experiencia y, si así se le solicita, formular recomendaciones a quienes tendrán la responsabilidad de tomar decisiones dentro del esquema del “Fondo Milagro”.
No partimos de cero. El núcleo de esta Veeduría estará integrado por personas que tuvieron responsabilidades de dirección en el FOREC y en su operador en Pereira, Vida y Futuro, algunas de las cuales hacen hoy parte de nuestra Corporación VIGÍA Cívica.
Es una experiencia que no queremos guardar como un recuerdo del pasado, sino poner al servicio de la reconstrucción que comienza.
Y queremos hacerlo también en red. Uno de los propósitos de la Veeduría será articularse con organizaciones pares de VIGÍA Cívica en los demás departamentos afectados, porque una reconstrucción de esta magnitud no puede ser vigilada de manera aislada. Por ello, hemos propuesto a la Corporación Transparencia por Colombia trabajar conjuntamente con las organizaciones afines en las zonas afectadas en el país, aprovechando la experiencia que ya compartimos, como aliados, en la iniciativa “Ciudadanía Activa: con los ojos puestos en los recursos COVID-19”.
La reconstrucción necesita recursos, decisiones y autoridades. Pero también necesita ciudadanía. Y esta vez, la sociedad civil organizada no debería llegar después a preguntar qué ocurrió. Debe estar presente desde el comienzo, acompañando, vigilando y ayudando a construir el futuro.
Ese es el espíritu de Vida y Futuro que queremos recuperar.
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