Han pasado 30 días desde el terremoto y, para miles de empresarios, la emergencia todavía no termina. Mientras se anuncian ayudas, programas y soluciones, en las empresas seguimos esperando respuestas concretas. Muchos continúan levantando con sus propias manos lo que se cayó, tratando de recuperar inventarios, reabrir sus negocios y, sobre todo, mantener los empleos de quienes dependen de ellos.
Porque hay una parte de esta tragedia que no siempre se ve: el terremoto también golpeó el aparato productivo de nuestra región.
En Pereira, *10.888 empresas, equivalentes al 76,9 % del total reportado, presentan afectaciones en infraestructura, inventarios o funcionamiento, y uno de cada dos establecimientos comerciales quedó inactivo. Las pérdidas de la economía popular y de los pequeños comercios se estiman en *$384.705 millones, sin contar el lucro cesante*, mientras *52.168 empleos están comprometidos.
La situación es aún más difícil para las microempresas, que representan el 89,7 % de los establecimientos afectados. Menos del 7 % contaba con una póliza específica contra terremoto. Para miles de pequeños empresarios, reconstruir significa hoy enfrentar al mismo tiempo la pérdida de su patrimonio, la reposición de mercancías, los costos de operación y la necesidad de seguir respondiendo por sus trabajadores y sus familias.
En Dosquebradas, la situación tampoco da espera. 2.148 establecimientos comerciales resultaron afectados: 245 con pérdida total, 521 con daños graves, 724 con afectaciones moderadas y 685 con daños leves. Las pérdidas se estiman en $179.900 millones y el 87,8 % de los establecimientos afectados no contaba con seguro. De los 21.931 empleos directos registrados, 4.888 todavía no han podido reactivarse. Y existe un dato que debería llamar especialmente la atención de las autoridades: apenas el 0,63 % de los empresarios damnificados ha recibido algún tipo de ayuda, mientras el 99,37 % continúa esperando apoyo gubernamental.
Estas cifras tienen nombre, rostro y consecuencias. Detrás de cada negocio cerrado hay una familia; detrás de cada empresa afectada hay trabajadores que necesitan conservar su empleo; detrás de cada inventario perdido hay años de esfuerzo y capital construido con sacrificio. Por eso, reconstruir Pereira y Risaralda no puede significar únicamente levantar edificios, reparar vías o recuperar infraestructura. También significa recuperar empresas, empleos, ingresos y mercados locales.
Los empresarios no estamos pidiendo privilegios. Estamos pidiendo que no nos dejen solos. Necesitamos que los recursos anunciados se traduzcan en soluciones, que los trámites puedan avanzar, que existan mecanismos reales de financiación y que el acompañamiento institucional llegue a quienes hoy están tratando de volver a abrir sus puertas. Porque una empresa que cierra no pierde solamente su propietario: pierde el trabajador que allí encuentra su sustento, pierde una familia y pierde la economía que se mueve alrededor de ese negocio.
Los empresarios seguimos en la lucha, con fe, esperanza y la decisión de levantarnos. No queremos simplemente reconstruir nuestras empresas; queremos volver a producir, generar empleo y aportar activamente a la recuperación de Pereira, Dosquebradas y todo Risaralda. Estamos dispuestos a hacer nuestra parte, como lo hemos hecho siempre.
Pero la reconstrucción requiere que todos asumamos la responsabilidad que nos corresponde.
Los empresarios seguimos de pie. Ahora necesitamos que las instituciones estén de pie junto a nosotros.
Porque Pereira no se reconstruye dejando atrás a quienes generan empleo, sostienen familias y mantienen viva su economía.




