Me sorprende el asombro con el que algunos congresistas del Partido Verde, entre ellos una aguerrida pereirana, salieron a mostrarse aterrados de la decisión de las directivas de ese partido de no dejar en libertad a sus militantes (para votar por Sergio Fajardo o por Claudia, ambos históricos políticos en el Verde), y obligarlos a votar por Iván Cepeda.
Su reacción parece un exceso de inocencia o un acto de cinismo.
Era evidente que el Partido Verde, marchitado a punta de recibir mermelada del gobierno Petro, iba a imponer esa candidatura, con lo cual se pierde definitivamente toda herencia del Verde de Antanas Mockus.
Pero no hay lugar a ninguna extrañeza. La realidad es que el Partido Verde se ha hartado de los dulces que le han proporcionado este y otros gobiernos, tanto en lo nacional como en lo local; y este proceso, largo como una diabetes, lo ha necrosado. Y, al menos en mi tierra Pereira, es simpático ver a algunos congresistas del Verde salir a denunciar lo que ellos mismos han practicado sin vergüenza alguna: venderse al mejor postor en cada elección.
Pero, dejemos atrás este drama criollo, para pasar a otro que tiene mayor importancia en los difíciles momentos que enfrenta Colombia.
El presidente Petro impulsa a su candidato con todas las armas que tiene y pretende imponernos así la continuidad de su mal gobierno.
Hay que recordar que Petro, y los militantes de su movimiento Pacto Histórico, están formados en la práctica de todas las formas de lucha, doctrina que consiste en disfrazar de legítimos los medios más deplorables, afirmando que lo importante es el fin que, sin excepción, siempre se presenta como prístino y loable.
Además, Petro como avezado político, alienta indirectamente la candidatura de Abelardo de La Espriella, porque sabe que es el opositor más fácil para vencer en segunda vuelta, dado su radicalismo y el rechazo que genera. De esta forma, el país estaría bajo una seria amenaza; chantajeado, se vería forzado a elegir entre dos malas opciones.
Decía mi padre, diestro abogado penalista que conocía bien el alma humana, que al único chantaje al que se cede es a una pistola puesta en la cabeza. Y como no, hoy Colombia siente el frío cañón en sus sienes y deberíamos entender todos los colombianos que es un riesgo con el que no se juega porque de él depende la continuidad de la democracia en el país. Ni más ni menos.
Pero, todavía es posible buscar una salida, y es por ello que, entre otras muchas acciones posibles para salir del atolladero en el que pretende meternos el presidente Petro, han circulado ampliamente invitaciones a candidatos de centro, honestos y bien preparados como Fajardo y la misma Claudia, para que dejen atrás sus candidaturas.
Se les pide que, en un acto de realismo político, de sensatez y generosidad con el país, adhieran a la candidatura que, sin ser perfecta (¿cómo podría serlo?), es la que se percibe como la salida en este momento tan difícil: la dupla Paloma- Oviedo.
De la campaña de Claudia no conozco muchos pormenores, pero de la de Sergio he estado tan cerca como convencida hasta el momento en que, como lo ha afirmado públicamente el ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez, Sergio cometió el grave error político de no sumarse a la Gran Consulta.
Paloma tiene muchísimas cualidades, lo cual facilita enormemente la decisión. Es una mujer de Estado, bien formada y moldeada en sus doce años en el Congreso. Y es honrada, algo que necesita Colombia de manera desesperada: gobernantes que no vean su paso por el gobierno como la manera de cambiar su nivel patrimonial.
Además, es inteligente, pues es propio de quien lo es no ser excesivamente radical y tener apertura a la diferencia.
De alguna manera me emociona, además, que en esta difícil situación por la que pasamos hoy, sea una mujer la que venga a defender las instituciones democráticas, algo así como si en vez de Superman, en un país rabiosamente machista, la salvaguarda fuera la Mujer Maravilla.
Y para hacerlo aún mejor, acompañada de otro superhéroe al que adornan muchas otras cualidades, distintas a las que ella ya tiene. En este caso podríamos decir que Oviedo es Acuamán; y que, si ella se mueve perfectamente en tierra, él lo hace divinamente en el agua.
Juntos abarcan un espectro de propuestas y gustos más diverso y complejo que cada uno por separado, y mucho más amplio que cualquiera de las otras candidaturas con opciones reales de llegar al poder.
Es además muy importante salir del grave error de considerar a De La Espriella como ese superhéroe salvador de Colombia: Abelardo es más parecido a Cepeda de lo que nos gustaría reconocer.
Las formas no son tan relevantes en este caso; que uno, como hippie envejecido, pose de mochilero de la nacional, no hace sustancial la diferencia con la impostada elegancia de De La Espriella, nuestro galán de Temu.
En el fondo han tenido, ambos, tantos nexos con la criminalidad, que existe una alta posibilidad en que terminen siendo lo mismo, un profundo mal para Colombia.
Mucho mejor que votar por De La Espriella, que sería algo así como repetir el voto por el finado Rodolfo (un voto que era preferible como bien han mostrado los hechos posteriores, pero que no por ello dejó de ser altamente vergonzante), será votar en positivo por La Mujer Maravilla y Acuamán.
El gobierno Petro en el ejercicio del poder y su pretendida continuidad en la figura de Iván Cepeda le está diciendo a Colombia: “la bolsa o la vida”. Pero, apartando gustos y opiniones superfluas, y entendiendo a muchos opinadores y activistas como prisioneros de su sesgo de malquerientes del expresidente Uribe, la decisión no está tan difícil como pareciera: la imponen las álgidas circunstancias, y Paloma y Oviedo tienen con qué gobernar bien a Colombia.
Martha Alzate Hincapié es Ingeniera civil con Maestría en Administración de Empresas y Doctorado en Literatura. Fue Secretaria de Planeación de Pereira y candidata a la Alcaldía de Pereira.Es columnista de GQ Tu Canal.
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