Desde que en política tengo uso de razón, he visto en las elecciones presidenciales que siempre se habla de un candidato que gana y otro que pierde -excepto en la puerta giratoria del Frente Nacional -.
Nací en plena violencia política en el 51 y mi memoria sobre un presidente es la del liberal Alberto Lleras (1958), quien con el conservador Laureano Gómez crearon crearon, “para acabar la violencia”, el Frente de Transformación Nacional.
Esos dos partidos se repartieron el poder 16 años excluyendo otras fuerzas cuyas semillas rebeldes crecieron como verdolaga en playa. Ahí están hoy conformando una izquierda entre los radicales de siempre y los liberales de centro-izquierda, porque el Partido Liberal cogió la derecha.
En mi memoria más remota, veo claro el mapa político. He visto pasar por el solio de Bolívar al abuelo de Paloma, luego al abuelo de Vargas Lleras, después al papá de Andrés Pastrana, después al hijo del expresidente López Pumarejo y después al abuelo del asesinado Miguel Uribe.
Al término de esa monarquía constitucional incapaz de derrotar la violencia, acabar la guerrilla, reducir la pobreza extrema, hacer más justa la distribución de la tierra y la riqueza, fueron presidentes Belisario Betancur (quien prometió alcanzar la paz), Virgilio Barco (quien prometió acabar la miseria extrema), nuestro César Gaviria (con su lema “Habrá Futuro”, cambió la Constitución prometiendo “un nuevo país”).
En 1994 con Ernesto Samper en el ojo del huracán del poder del narcotráfico y la crisis política de los narco-casetes, pavimentó el camino para que el hijo del expresidente Pastrana fuera presidente haciéndose amigo del guerrillero “Tirofijo” para después decirle: “usted me traicionó”.
En esas nos abordó el siglo XXI con las reelecciones de Álvaro Uribe y sus tres huevitos; y Juan Manuel Santos, con su discutido Nobel y su Acuerdo de Paz.
Uribe y Santos -uno con la fuerza de las armas y otro con la razón de los acuerdos- fueron incapaces en 16 años de erradicar este infierno de corrupción, impunidad judicial, polarización, abandono de Estado, injusticia social, violencia y muerte. Nada de eso cambió sustantivamente.
Por ahí llegamos a Duque y Petro, dos presidentes que más han hecho por agudizar la crisis del país político.
Es válido estar en desacuerdo conmigo, pero a mis 75 años de edad digo que, si nuestro problema es político, el maniqueísmo político no promete nada bueno para el país.
No sé qué pueda pasar con dos candidatos inexpertos en lo público que van a segunda vuelta presidencial con un país repleto de problemas y expectativas. Y dividido al extremo.
En las urnas, uno de los dos ganará. Pero lo que realmente necesitamos es que nuestro país gane en la historia.
Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal




