Es en los momentos de tragedia no deseados ni buscados cuando debemos poner de nuestro lado lo mejor del ser humano que hay en cada uno de los pereiranos y risaraldenses. Es lo que esperamos de nosotros mismos.
Es en los momentos de incertidumbre, de crisis y desorden cuando nuestros dirigentes grandes, medianos y pequeños, nuestros mejores hombres y mujeres que sienten que tienen una pizca de poder, autoridad moral y capacidad de aportar, que debemos olvidar las diferencias y los intereses personales, gremiales, de grupo o de cualquiera otra índole, para dar todo de sí en favor de la causa de ayudar. Es la hora de preguntar: ¿En qué puedo ayudar?
Es, en síntesis, en medio de este desastre colectivo de ciudad destruida, de gente con hambre, de niños sin escuela, de dolor, fatiga y sufrimiento, cuando debemos siempre repetirnos una y otra vez que el egoísmo es mezquino, que la vida nos cobra la codicia, que la gente consciente nunca olvida el oportunismo y el afán de sacar ventaja para los propósitos personales, políticos y económicos.
Es el momento de recordar que el ego es el enemigo.
Nuestros líderes tienen la obligación de ser prudentes, sobrios y serios. En estos días posteriores a la tragedia del más intenso y devastador terremoto de todos los tiempos, hemos visto dirigentes dándola toda, poniendo su mejor cuota de sacrificio sin esperar nada a cambio.
Puedo mencionar a varios de ellos, pero dos me bastan como paradigma de lo que todos debemos hacer: la capacidad de convocatoria y ejecución de las sociedades de ingenieros John Henry Mora, presidente de la Asociación de Ingenieros de Risaralda e igualmente de Arquitectos atendiendo todo el tiempo la revisión técnica de edificaciones.
Y la Cámara de Comercio de Pereira, liderada por Jorge Iván Ramírez Cadavid y su equipo de trabajo desde Expofuturo aportando sin reparos toda la capacidad institucional al servicio de esta emergencia en el afán de superarla cuanto antes. También hay líderes anónimos de barrio que ayudan a sus vecinos y juntas comunales que hemos visto trabajando con ayudas humanitarias de gran alcance social
Mientras hay gente que trabaja ayudando sin pausa y sin tregua, otros se encargan de contaminar la atmósfera política, otros que desde esa parte negativa del basurero de las iredes sociales, inyectan desconcierto y malas energías, otros que hacen turismo morboso, otros que se aprovechan de la repartición de alimentos acaparándolos.
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Pero lo que más me ha sorprendido gratamente, son los grupos de jóvenes que desde el lado bueno y positivo de las redes sociales han montado puntos de acopio con metodología de base de datos de beneficiarios de ayudas alimentarias y de colaboradores para repartir en las zonas más afectadas y necesitadas de ayuda.
Este lado positivo de la vida y del comportamiento de nuestra Pereira es lo que me reconcilia con el género humano y me da vigor para también tratar de ayudar desde mi aporte periodístico y comunicacional.
Hoy Pereira está por encima de cualquier interés que no sea el de recuperar la normalidad de nuestra amada ciudad y siempre con la esperanza de que esta crisis sea una oportunidad para ser mejores seres humanos y tener una ciudad moderna, bella y abierta para todos.




