HABITAR TAMBIÉN ES HACERSE CARGO

En una familia, la unidad no se sostiene solo con afecto. Se construye con acuerdos, con responsabilidades compartidas y con pequeños gestos cotidianos que, repetidos, crean estabilidad. Nadie espera que un hogar funcione si cada miembro actúa solo en beneficio propio.

Habitar una sociedad no es tan distinto. Vivimos dentro de un sistema que, a simple vista, parece estar diseñado para favorecer a quienes concentran el poder. Y aunque esa realidad es evidente, reducir toda la responsabilidad a contradecirlo o denunciarlo no es suficiente. Porque incluso el sistema más injusto se sostiene —o se debilita— en los actos diarios de quienes lo habitan.

La responsabilidad colectiva no empieza en grandes discursos ni en gestas heroicas. Empieza en lo mínimo. En respetar una norma, aunque nadie esté mirando. En hacer fila en una parada de bus, aunque nunca se haya hecho antes. En no tirar basura al suelo, o recoger la que no es nuestra, simplemente porque ese espacio también nos pertenece.

Son gestos pequeños, casi invisibles, pero la cultura no se transforma con grandes actos aislados, sino con prácticas constantes, así como un hogar se deteriora cuando nadie se hace cargo de lo común, una sociedad se fragmenta cuando cada quien decide que el cuidado no es su problema.

También habitar implica convivir con la diferencia, opinar sin atacar, escuchar sin descalificar, entender que el pensamiento diverso no es una amenaza, sino una condición natural de cualquier comunidad viva, la agresión constante no es fuerza, es incapacidad de construir.

Por supuesto, quienes gobiernan tienen una responsabilidad mayor, alcaldes, dirigentes y figuras políticas administran decisiones que afectan a muchos, pero no son ajenos a la sociedad, emergen de ella, la representan y, muchas veces, reflejan lo que se tolera. Exigirles coherencia también implica practicarla.

Habitar no es ocupar un espacio y exigir derechos sin asumir deberes, es entender que el bienestar común no es una abstracción, sino una suma de acciones individuales que, cuando se repiten, crean sentido de pertenencia.

Porque habitar también es hacerse cargo, de lo que decimos, de lo que hacemos y de lo que decidimos ignorar, y a simple vista, quizá el cambio más profundo no empiece enfrentando al mundo, sino cuidándolo —gesto a gesto— como si fuera el único hogar que tenemos.


Jhon Bayron Mejía es un profesional en el medio audiovisual con mas de 10 años de experiencia local y nacional en diferentes canales de televisión y medios de comunicación digital. Me interesa observar la ciudad, el territorio y las dinámicas humanas que se construyen en lo cotidiano, abordándolas desde una mirada reflexiva y crítica a través de la narrativa y la opinión periodística

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