El encuentro de Petro con Trump en Washington no fue una visita estatal, fue un encuentro bilateral a puerta cerrada. Sin alfombra roja, pompa, ni discursos, el evento era antes todo un reajuste diplomático. Entre las falencias de Petro, no está la falta de instinto de supervivencia ni de olfato político; sabía que debía ir, entre crujir de dientes, a estrechar la mano de Trump.
Era conveniente que el evento se diera a puerta cerrada. Escenas calamitosas como la del presidente ucraniano Zelenski descarrilarían la agenda de Trump y los objetivos de Petro, personajes bastante tozudos ambos. Empresarios y delegaciones de ambos países prepararon el terreno. También trataron de darle clases de inglés y diplomacia al presidente para que actuara afable y a la altura; no avanzaron mucho con el inglés, pero si con los buenos modales diplomáticos.
De regreso, Petro insinuó ser “héroe del día»: el líder latino que “paró en seco” a Trump. No hubo heroísmo entre las partes, solo siguieron el libreto del Gran Teatro diplomático de la Casa Blanca. Reafirmar los lazos que ligan nuestra política exterior a Estados Unidos fue la perene dramaturgia del encuentro. Destronado Maduro, ir a Washington a recitar los principios de esta dramaturgia era existencial para Petro. como buen alumno que siempre hace la tarea. Escribir una “s” con lapicero en la gorra de Trump, Americas, fue un ad lib, la única travesura fuera del libreto.
As bajo la manga, Trump llegó fortalecido tras la acción militar contra Venezuela. Fue una operación quirúrgica, en la jerga militar, que reafirmó su pragmatismo utilitario: cambio de liderazgo sin cambio de régimen; un «tumor removido sin quimioterapia». El chavismo, carcinoma que subsiste en los Rodríguez, requiere una Colombia funcional, vital para la estabilidad allende de la frontera. Un rompeolas contra la turbulencia de una eventual crisis venezolana. El abdicar de Petro fue un aguinaldo para el Pacto Histórico, pero implicó status quo para el país.
En extremos opuestos del espectro político, Petro y Trump tienen un inquietante rasgo común: el menosprecio por el orden institucional. La insurrección clandestina en el frondoso relieve colombiano fue legitimada democrática por “líder del cambio”. La ruptura institucional actual es el rezago de una izquierda de una insubordinación domesticada.
Trump repudia la Corte Suprema, el congreso, la democracia, y la inmigración. Sus órdenes ejecutivas me recuerdan la Emergencia Económica de Petro y otras medidas que le hacen la pídola al legislativo. El popular, pero contraproducente, salario vital crea un desfase en la economía nacional. Trump, con similares medidas populistas, desajusta paulatinamente la economía global. Ambos lideres son agentes del caos, el legislativo su antagonista.
Su vocación es destructiva, pero ambos declararon la sesión «productiva». Ambos dramaturgos procedieron a dar sus declaraciones con histriónica diplomática. Cepeda dio un aire de suspiro, su
No me sorprenden lo resultados. La normalización de las relaciones bilaterales y el acuerdo de exportar gas venezolano a Estados Unidos usando los oleoductos colombianos; nada destacable
El foco volvió a ser el narcotráfico. Restablecer la cooperación antidrogas fue el gran paso adelante, o atrás en mi opinión. No hubo acuerdos comerciales, arancelarios, de cooperación tecnológica, migratorios, ningún beneficio concreto. Solo mas glifosato, igual ha sido desde Gaviria. Décadas de lucha antinarcóticos, han dejado a Colombia ligada al estigma de la droga y al derramamiento de sangre. Pero aprovechando la narrativa del narcotráfico, Petro obtuvo un triunfo político, fortaleciendo su imagen y la del Pacto Histórico.
«Que el martes, si no llueve, la plaza de Bolívar se llene para defender la democracia, el salario vital y la paz de Colombia mientras me reúna con Trump», tuiteó Petro. En Bogotá, Iván Cepeda hacia proselitismo ante esa multitud. La simultaneidad de estos eventos, rumbo a los comicios, no es coincidencia: el incumbente cedió a puerta de cerrada la línea de sucesión al trono a su regreso de Washington.
Elegir entre un Cepeda sin mayoría y un dislocado caudal de candidatos divergentes y poco convincentes es el panorama electoral. La democracia inversa en acción.
Colombia en el estupor de su inercia se dirige sonámbula al continuismo de la izquierda; Trump, en el espectro político de la derecha, no ve que esto sea un problema mayor, todo quedó arreglado en otro encuentro transaccional.
No habiéndose cumplido el “gran cambio” que le fue prometido a los colombianos, y con un partido histórico cuyo dominio en las urnas es subrepticio, tal como el encuentro en la Casa blanca, la elección del próximo mandatario colombiano también habrá sido acordado a puerta cerrada.
Marlon Mejía es ingeniero industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira, especialista en negocios internacionales y posee una Maestría en Transport Aéreo de la Universidad de Cranfield. Previo analista en las principales consultorías de Aviación como Cirium en Londres y mba Aviation en Washington. Pereirano declarado, reparte su tiempo entre la Ciudad y su hogar en Londres. Columnista de GQ Tu Canal
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