Es probable que el periodismo sea el ejemplo más claro del trabajo que realiza un mensajero en cualquier parte del planeta.
En Colombia y de forma menos letal que el execrable asesinato del joven periodista antioqueño Mateo Pérez -que nos conmueve hasta los tuétanos- también en Risaralda, con razón o sin ella, se estigmatiza al periodista.
Preocupa la presencia de grupos armados ilegales cuya amenaza existe en nuestro territorio con hechos fácticos que han exigido máximo enfoque y esfuerzo del Batallón San Mateo y la Policía de Risaralda, confirmando el estudio del Dr. Jairo Libreros, investigador de la Universidad Externado en una conferencia que le escuché en noviembre del 2024 en el Club del Comercio.
Digo esto porque el Dr. Libreros nos mostró un mapa de calor alertando que no solo el ELN llegó a Mistrató, Pueblo Rico y Belén de Umbría, territorios ricos en metales preciosos y penetrado por el microtráfico. También llegó su némesis el Clan del Golfo en disputa por el control territorial, militar y político al igual que en otras partes del país. Libreros dice que estratégicamente, Risaralda es ideal como cabeza de playa y corredor sobre el Valle del Cauca y el suroccidente de Colombia.
Luego en diálogo personal, el Dr. Libreros me explicaba sobre la sofisticación de avanzadas que estos grupos aplican en los territorios penetrando sigilosamente con mañas deleznables como el respaldo financiero a campañas políticas con el objeto de acceder luego a la contratación pública, prácticas corruptas y lavado de dinero ilegal a través de inversiones en negocios.
Es en medio de ese berenjenal que matan a mensajeros como Mateo Pérez, igual que Pablo Escobar lo hizo con don Guillermo Cano en diciembre del 86, luego con mi exjefe Jorge Enrique Pulido en noviembre del 89 y durante muchos años asesinando periodistas de provincia -tal como sucedió con el mártir Mateo Pérez, director de El Confidencial- que como él, se juegan la vida al buscar la verdad de las mafias de todas las calañas que por la ausencia de Estado, se tomaron las regiones en donde, en sentido contrario del verso de Julio Flórez, “todo nos llega tarde, hasta la muerte”, pues en los territorios primero llega la muerte y hay que sentarse a esperar que llegue el desarrollo.
Digámoslo a la manera de la historia griega, según la cual, en las guerras le quitaban la vida al mensajero portador de malas noticias. Es sabido que en los conflictos la primera víctima es la verdad, y en nuestro medio colombiano, para los bandidos de todas las pelambres, la peor y más mala noticia, es la verdad.
Habrá que mantener la esperanza por mejores días. Pero, matar al mensajero no cambia la verdad, según el versículo bíblico de Isaías 57:1
Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal




