SERGIO FAJARDO, ARQUITECTO DE UN DESTINO

Lo que yo pienso de Fajardo es:
Que conecta con las personas de una manera distinta.
No desde el ruido ni desde la necesidad de impactar, sino desde la coherencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace.

Que conecta porque es un ser humano decente, con principios y valores éticos claros.
Porque no carga escándalos judiciales ni historias que obliguen a bajar la mirada.
Porque puede mirar a los ojos con tranquilidad y paz interior.

Que conecta porque ha recorrido el país escuchando a personas de todos los territorios y de todas las edades, y esa escucha ha sido real, sostenida y respetuosa.

Que conecta desde la decencia y desde lo correcto.
Y que, hoy en Colombia, eso vale más que cualquier gesto estridente o cualquier discurso lleno de ruido.

Que confía en su camino, en su equipo y en su vocación de servicio, y que ha decidido asumir un compromiso que podría no haber elegido, pero que responde a un llamado profundo.

Que, aun sabiendo que su vida podría ser más cómoda y más libre, eligió insistir.
Eligió quedarse.
Eligió servir.

Que no se trata de política en el sentido tradicional, sino de una política que nace del alma.

Que su visión de país, las noches y los días dedicados a pensar soluciones a los múltiples conflictos, su cercanía con los jóvenes, su vocación de maestro y la herencia ética recibida de sus padres, lo convierten en alguien que conecta mejor que muchos, a su manera.

Que es, en esencia, un arquitecto de un destino colectivo que se llama Colombia.

Y que su forma de conectar nace del amor profundo por todo lo que eso implica.