Que el sector privado es más eficiente que el aparato estatal no es una verdad sin discusión, si lo es cuando la empresa en cuestión es manejada por gente competente y honesta, pero no lo es en la mayoría de los casos, en efecto dos de cada diez nuevas empresas fracasan, las quiebras abundan y los resultados negativos son de mayor ocurrencia de lo deseable.
Algo similar ocurre con la empresa pública, es eficiente y responde a las necesidades de la población cuando está bien manejada, por funcionarios honestos y competentes, pero desafortunadamente, el clientelismo, la corrupción que acompaña aquellas privadas y con mayor frecuencia a las públicas se han convertido en lo de común ocurrencia.
Hay una tercer categoría en nuestro país, es esa mezcla de público-privado, por medio de la cual se entrega el manejo de bienes y servicios públicos a entes que dicen ser de naturaleza privada pero que se convierten en cotos de caza de captadores de lo ajeno, con prácticas peores que aquellas de la política, puesto que caen en manos de combos bien organizados que se convierten en los dueños y amos, ellos han logrado perpetuarse en el manejo de esos entes, encareciendo servicios, inventando trámites ociosos y organizaciones que logran eludir el control, con la trinchera de ser privados.
Nuestra democracia ahora tiene enfermedades endémicas, con el propósito de democratizar el acceso a las elecciones, se estableció la remuneración por los votos, y de esta manera lo que era un certamen democrático se ha convertido en lucrativo negocio.
Se crearon microempresas electorales que tienen como fuente de ingresos el tesoro público, recuerdo cuando las elecciones no eran costosas, los votos se conseguían hablando, comunicando, entrando en contacto con la gente.
La nueva forma de hacer política cambió todo, hoy hay un tinglado de empresas, las unas especializadas en financiar candidatos a cambio de compromisos que les permiten obtener utilidades desproporcionados en pago de esos créditos sin firma, otras las de estrategas especializadas en la venta del producto, sin importar las tesis o el soporte ideológico del candidato, así se popularizaron los rodachines para cambiar de partido y de bandera según quien diera el aval, y por supuesto ese negocio atrajo a muchos pescadores más de la reposición de los votos que con aspiraciones legítimas y deseos de servir.
También se ha llegado a extremos para financiar las compañas y enriquecer a los actores, ahora las consultas también son remuneradas y como el negocio es redondo y legal, del mismo se abusa; de explotar este filón se ha especializado la izquierda abusadora, recuerdan la consulta entre Petro y sus comparsas, que le entregó miles de millones para ratificar lo que era bien conocido, ahora Cepeda va por la segunda consulta en la cual se presenta con compadres pre derrotados, ya cobró por la primera y ahora recobrará por la segunda.
Pero la otra orilla no está libre de culpa, la consulta de los enanos sin votos es otro ejemplo de como ser candidato es un negocio excelente, el dinero termina siendo el botín y el instrumento electoral, Goyeneche el cinco veces candidato a la presidencia, aquel quien prometía pavimentar el río Magdalena, y techar a Bogotá, jamás pensó que tendría tantos émulos en las elecciones de 2.026.
Para terminar, a la suma de las endemias que nos hemos inventado, además de haber convertido la democracia en un negocio, le agregamos reemplazar las tesis, la ideología, los partidos que agrupan a gentes que tiene maneras de entender la sociedad, por unas firmas que han dado origen a otras empresas que cobran por cada firma, sin necesidad de ofrecer ni un programa, ni unas tesis, ni siquiera aun nombre.
Montalvo escribió, Los Capítulos que se lo Olvidaron a Cervantes, Fukuyama el autor Del Fin de la Historia, se necesita quien le escriba el capítulo que se le olvidó: El Fin de la Democracia en Colombia
Juan Guillermo Ángel Mejía es ingeniero industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira. Exalcalde de Pereira y exsenador y expresidente del Congreso de la República. Fue embajador en Guatemala. Es un pereirano de todas las horas y columnista de GQ Tu Canal
GQ Tu Canal es un medio periodístico independiente y democrático que rinde tributo al derecho constitucional de libertad de expresión.
Las opiniones de nuestros columnistas son respetadas, y de su exclusiva responsabilidad




