POLÍTICA, CUATRO AÑOS DESPUÉS

Advierto: esta columna la escribí hace cuatro años. Usted lector, dirá si las cosas han cambiado.

Cuando las realidades son distintas, la manera de pensar las cosas y la forma de hacerlas, deben ser distintas.

Es el caso de los políticos la evidencia recurrente son las vallas de publicidad de los candidatos a congresistas. Casi sin excepción, cada valla se enfoca en un rostro con una sonrisa de oreja a oreja, el número en el tarjetón y el logo del partido político.

Algunas pocas usan una frase que poco le pega a las realidades de la gente. Otras vallas acusan fatiga y desgaste. Parecen mensajes de recordación a la clientela, o para despertar simpatía.

Las vallas son una estrategia publicitaria electoral resultadista, sin riesgo y de corto vuelo así las ve Dylan, un joven honesto y con auto estima. Tiene 19 años de edad y cuando resulta algo, trabaja en la construcción. Se retiró del colegio porque tiene que ayudar en la casa. Como buena parte de su generación, Dylan no oculta su resentimiento y desconfianza con la clase política.

Me dice que vive en un limbo. Que siente que no hay oportunidades. Fue él quien me contó que, desde el Megabús, al ver el bosque de vallas de los políticos en las avenidas, se pregunta ¿de qué se ríen?

En su reclamo, Dylan intenta decir que las bien alineadas dentaduras de los candidatos no le dicen nada a la gente que quiere un mensaje esperanzador y más comprometido con las soluciones y expectativas porque el problema es que no hay respuestas efectivas a la terrible coyuntura social y económica actual y la sensación de crisis que va para largo.

Dylas tiene razón. Es como si no fuera con ellos la tragedia de la informalidad creciente, el desempleo la inseguridad, la corrupción abrumadora, los trancones y los 35 mil hogares del área metropolitana en pobreza extrema (me dicen que son 66 mil), reportados por el DANE, al lado de la deserción de estudiantes que no terminan sus estudios porque tienen que trabajar o ir al rebusque cuando el hambre acosa.

 El caso es que los jóvenes (y mucho adulto también), son refractarios a la política, y si les interesa, la ven de otra forma. Quizás por eso les ofende el exceso de vanidosa ortodoncia y fotoshop en las vallas políticas. Y si digo aquí lo que Dylan ve en las vallas, los ofendidos serían los candidatos.

El político es uno de los personajes más visibles de la sociedad. Todas las decisiones del Estado que afectan a la población, son políticas y la gente lo sabe.

El compromiso político no está en el centro del discurso político hoy dedicado al cálculo electoral, que, en lugar de sonrisa, produce nerviosismo y una terrible sensación de desconcierto e incertidumbre.

Dylan sabe que las vallas no dejan ver el bosque.

……

Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal