Nada tan parecido a los efectos económicos y sociales de la política electoral como los espejos de los coches, que tienen dos retrovisores laterales y otro para reversar. Todos tienen en común que son más pequeños que el panorámico para conducir con la mirada grande al frente.
Hay allí un mensaje semiótico en el sentido de que una vez en marcha, lo que hay que hacer es mirar adelante, acelerar y ponerse en movimiento porque falta camino por recorrer.
Hay varias formas de ver los espejos de la vida, pero es el nuevo horizonte donde están las metas de la prosperidad, la libertad y la felicidad como propósitos superiores personales y de la sociedad.
Una vez terminado el proceso electoral para presidencia de la República, debemos pasar rapidito la página para volvernos a subir al carro de la vida y continuar la marcha, porque si no trabajamos para lograr el bienestar de nuestras familias y cumplir los sueños y los compromisos adquiridos, ningún presidente lo hará por nosotros.
Por ello afirmo, que, en este turbulento escenario político, el dilema de los electores se resuelve con el escrutinio final. A partir de allí, el problema es de quien va a ejercer el poder, ojalá con la sabiduría que debe tener un mandatario cuando gobierna para todos. Es el deber ser.
Del otro lado queda el ejercicio político de la oposición que en el precepto democrático configura el modelo de pesos y contrapesos para evitar abusos de poder y autoritarismos perniciosos.
El país ha convivido con el enemigo silencio y marrullero de la corrupción. Se ha normalizado el bandidaje con los recursos públicos y duele más cuando la plata que se roban es la de los pobres, los niños y los municipios de sexta categoría.
Mi difunto amigo Jaime Castaño Torres solía decir que “al colombiano le gusta lo ilegal, lo inmoral y lo que engorda”. Si no fuera patético sería un chiste, porque si algo fastidia a los jóvenes, es el clima maloliente de impunidad y corrupción galopante.
La recuperación de la confianza en las instituciones, en la justicia, en seguridad ciudadana y orden público es exigencia para un Estado moderno. Y la lealtad con el país como verdadero patriotismo, tal como lo predica el periodista norteamericano Tucker Carlson en sus críticas a Trump.
Lealtad que también es válida en nuestra relación con los intereses de la ciudad y la región, cuyos destinos en los últimos años deberían ser objeto de mejor suerte y nos obliga a repensar si vamos a tomar decisiones para las próximas elecciones o para las próximas generaciones. Es lo que deberíamos hacer.
Finalmente, esperamos que el nuevo presidente de la República gobierne con grandeza. Con todo lo que para un estadista significa y vale ese magno adjetivo.
Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal




