En la celebración de los 29 años del Cuerpo Oficial de Bomberos de Dosquebradas se presentó a la comunidad una nueva máquina extintora de incendios, adquirida por el municipio a un costo cercano a los $1.800 millones. Enhorabuena para una ciudad que hoy cuenta con cerca de 250 barrios y una población estimada en 243.418 habitantes y que, hasta ahora, disponía de sólo cuatro máquinas extintoras, dos de ellas con más de diez años de servicio y sin certificación NFPA 1901.
Por la importancia de esta inversión pública, la Corporación VIGÍA Cívica realizó una revisión de los estudios previos y de los documentos de la licitación, que nos dejó interrogantes sobre si algunas especificaciones técnicas eran estrictamente necesarias para satisfacer la necesidad pública o si, por el contrario, pudieron restringir la participación de otros fabricantes con capacidad de ofrecer vehículos equivalentes.
El primero de esos interrogantes surge de las especificaciones exigidas para el chasis: una distancia entre ejes de 215 a 232 pulgadas y una longitud máxima de 354 pulgadas. Resulta llamativo que no se utilizara el Sistema Internacional de Unidades, de obligatorio uso en Colombia, o que, al menos, las medidas se expresaran también en su equivalencia métrica. Más que un asunto de forma, ello invita a preguntarse si esas dimensiones corresponden al resultado de un análisis técnico propio o si fueron tomadas directamente de la ficha técnica de un fabricante.
A ello se suma otro requisito: que la marca del chasis acreditara una presencia comercial en Colombia de, al menos, veinte años. Surge de ello una pregunta ineludible: ¿qué relación objetiva tiene ese plazo con la capacidad del vehículo para prestar el servicio? Si el propósito era garantizar disponibilidad de repuestos, respaldo técnico y servicio posventa, ¿por qué veinte años y no diez, doce o quince? Esa exigencia solo sería razonable si los estudios previos explicaran técnicamente por qué un fabricante con menor tiempo de presencia no podría ofrecer las mismas garantías.
La coincidencia entre dimensiones tan precisas, el requisito de permanencia en el mercado colombiano y el hecho de que la licitación, con un presupuesto oficial de $1.800 millones, hubiera recibido un solo proponente, obliga a formular una pregunta legítima: ¿esas condiciones eran indispensables para satisfacer la necesidad pública o sólo terminaron restringiendo la participación de otros fabricantes capaces de suministrar un vehículo con prestaciones equivalentes?
Nuestras inquietudes no nacen del azar. En 2013, VIGÍA Cívica advirtió, con varias semanas de anticipación, cuál sería la marca y el modelo del bus para adultos mayores que adquiriría el Municipio de Dosquebradas. La razón fue que las especificaciones técnicas del pliego coincidían casi en su totalidad con las de un catálogo comercial de un fabricante chino. No afirmamos que hoy ocurra la misma situación, pero ese antecedente explica por qué corresponde ejercer un control ciudadano riguroso cuando las especificaciones parecen ajustarse con tanta precisión a un determinado producto.
Otro aspecto merece especial atención. El comunicado oficial de la Alcaldía anunció que Dosquebradas recibió «el primer camión de Bomberos certificado para atender incendios en alturas». Sin embargo, la certificación internacional NFPA 1901 acredita que el vehículo cumple estándares de diseño, construcción, seguridad y desempeño para vehículos contra incendios en general, no constituye una certificación específica para atender incendios en edificios altos.
Es cierto que la bomba que trae instalada —con capacidad de hasta 1.250 galones por minuto— fortalece la capacidad operativa del Cuerpo Oficial de Bomberos y puede suministrar agua a las redes internas de protección contra incendios de edificios altos o a otros equipos especializados, como carros escalera o plataformas hidráulicas, cuando estos existan.
Pero también es cierto que el tanque del vehículo almacena únicamente 1.000 galones de agua, es decir, una reserva inicial que podría agotarse rápidamente si no existe una fuente externa de abastecimiento, como una red de hidrantes eficiente o vehículos cisterna de apoyo, pues no se trata solo de adquirir máquinas extintoras, también es necesario que tengan con que operar y por donde transitar.
Más allá de las inquietudes que suscita esta contratación, celebramos que el municipio fortalezca el equipamiento de su Cuerpo Oficial de Bomberos, pero, precisamente por la magnitud de la inversión y por la importancia de proteger la vida de los ciudadanos, la administración municipal tiene el deber de explicar por qué eligió esas especificaciones técnicas y si realmente fueron las más convenientes para garantizar una amplia competencia y el mejor uso de los recursos públicos. No encontramos la respuesta en las 88 páginas de los estudios previos.
Es evidente que Dosquebradas vive un acelerado proceso de crecimiento vertical y que, según ha manifestado el propio alcalde, está en trámite la construcción de un edificio de cuarenta pisos. Ese nuevo escenario plantea una pregunta de mayor alcance: ¿la Administración Municipal está preparando integralmente al Cuerpo Oficial de Bomberos para responder a los riesgos propios de una ciudad con edificaciones de gran altura o simplemente adquirió uno de los componentes de esa capacidad?
La transparencia, al igual que la prevención, también salva vidas.
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