Los ciudadanos entregamos derechos al estado, a cambio de que se nos garanticen otros, los fundamentales, el primero de todos, el inalienable, el derecho a la vida.
Eso lo entendió Petro cuando ofreció: Si no consigo la paz, yo renuncio a la presidencia de la República; agregó, si fracaso deberían tumbarme.
El plan de la Paz Total, de un lado, reconoce que la que firmó Santos con parte de las FARC, es un fracaso; a cambio decidió otorgar: impunidad, el perdón unilateral; política de gobierno complementada con la figura de gestor de paz, con la cual se otorga libertad y cancelación de las órdenes de captura a los culpables de: crímenes, masacres, secuestros, reclutamiento de menores, extorsión y todo aquello que, al cambiar de nombre, según sus palabras, deja de ser delito, entonces se lograría la paz, porque los asesinos dejarían de matar si les pagaban por no disparar y lo mejor si mataban no tendrían castigo alguno, tesis y estrategia desastrosa, otro fracaso.
Consecuencia de la nueva política, es muerte y terror; uno de los desarrolladores del magnicidio de Miguel Turbay estaba libre como gestor de paz; en los primeros tres años de gobierno se registraron más de 40.000 homicidios; el promedio mensual es de 1.100, superior al de los anteriores gobiernos, se viene registrando más de 170 asesinatos de líderes sociales cada año, desde 2.022 hasta el 2025 se registraron 277 masacres y en el 2026 ya son más de 80.
Este es el imperio del delito, del terror, del monopolio de los delincuentes de las carreteras, de las calles, de la vida de la gente.
Como explicar que tantos sigan apoyando a un gobierno que ha fracasado en lograr la paz, además de la manera desaforada como altos cuadros se han dedicado a robar y a nombrar, contratar: parejas, hijos, parientes u acreedores.
Algunos piensan que hay una anestesia moral, que les impide condenar lo inaceptable, otros argumentan que también en el pasado hubo corrupción, pero son ciegos cuando niegan lo evidente: ministros, gerentes, y hasta adolescentes que se presentan con títulos fraudulentos llenos de poder, han creado un mundo que acaba de denunciar otro de los altos mandos de este gobierno, lo dicho por Angie Rodríguez, abunda sobre lo que ya sabemos y condenamos unos y tapan los otros.
Cual la respuesta de Petro a lo que ya Colombia conoce de sobra, una asociación para delinquir establecida oronda en el alto, medio y bajo gobierno o al lamento de un niño, quien, desde Nariño, cuenta que hace semanas no recibe la medicina que le impide sangrar y morir, o los pensionados a quienes les arrebatan sus ahorros para tapar huecos fiscales, sus asesores o su malicia le indican seguir la que ya es la conocida estrategia: de un lado ordenar pagar publicidad a montones para decir que ha realizado lo que no se puede ver porque no existe y del otro promover otro escándalo de carácter sexual, o atacar a un gobierno extranjero, o cualquier otro disparate o escándalo que cope los titulares y de esa manera hacer una noticia que tape la otra, la que muestra las peladuras debajo de la enjalma y como la propaganda puede ser tan engañosa como la fotografía del combo de comida rápida, ahora reparten éxitos que solo existen en el extraño mundo de subuso.
La continuidad, es más la radicalización de la estatización de todo para que quede bajo el control del gobernante soberano, será emprender un camino sin regreso y como no aprendemos de nuestros vecinos, padeceremos como los: cubanos, venezolanos, nicaragüenses y todos aquellos que han caído a manos de los neo socialistas, quienes encarnan al fracasado comunismo.
Juan Guillermo Ángel Mejía es ingeniero industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira. Exalcalde de Pereira y exsenador y expresidente del Congreso de la República. Fue embajador en Guatemala. Es un pereirano de todas las horas y columnista de GQ Tu Canal
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