Y QUE PASARÁ CUANDO SE ASIENTE EL POLVERO.

Bella ha sido la reacción de los pereiranos, solidaria, trabajadora; el apoyo a los rescatistas y los rescatistas voluntarios, dolorosa la pérdida de vidas, de hogares, de los pequeños negocios y de los grandes almacenes, el duelo tiene que ser compartido.

Pero lo que está mostrando la prensa es lo espectacular, los edificios colapsados, los rescates milagrosos, todo ello es dolorosamente cierto, pero apenas es una muestra, lo real es de magnitudes que jamás habíamos presenciado quienes, como yo, hemos vivido todos los grandes y pequeños temblores, lo que estaremos viendo cuando tengamos a las calles es la destrucción del tejido económico, además de la pérdida de viviendas, la afectación de las clínicas, colegios y hospitales, lo que le ha pasado a Pereira no tiene comparación alguna, la calle muestra el centro destruido, el comercio sin clientes ni con que vender y la gente sin con que comprar.

Recuerdan aquella frase de cuando hay guerra en la frontera tiene que haber paz en la patria, es la hora de superar diferencias y luchas, por duro que sea el conflicto entre los nuestros, es necesario recuperar aquello del civismo, lo que nos ha permitido asumir las crisis y construir lo que ahora hemos perdido y tenemos que recuperar.

Claro lo primero es la vida, hay gente atrapada en los escombros, muchos otros heridos y tantos otros superando el donde vivir, eso es urgente, pero y después, cuando ya no seamos noticia, cuando se disipe el polvo y nos quedemos solos, solo nosotros trabajando juntos, con orden y metas, cada cual ofreciendo de lo que tiene, si reeditamos el civismo sin aspavientos ni condecoraciones, el que esté dispuesto a laborar por meses, por días y noches, solo así con organización, con liderazgo conocedor, con gerencia efectiva, podremos volver a vivir en la ciudad sin puertas.

Los empresarios, los partidos políticos, la burocracia, los profesionales, todos a una, pero organizados, con una gerencia, con unos líderes que se ocupen de la ingeniería, de los servicios, de la seguridad, de la atención a los heridos y lesionados, del manejo de las ayudas, los que sean expertos en aquello que nos hace falta, pedir y cuidar lo que nos llegue, la que nos proteja de los vividores y oportunistas que se aprovecharán del desastre.

Ricardo III clamaba: mi reino por un caballo, Pereira, Risaralda y sus municipios reclaman una gerencia centralizada y muchos jefes de sección trabajando aportando lo suyo.

La labor de los Alcaldes y del gobernador, es importante no nos cabe duda, pero no será suficiente, es necesario manejar la crisis aquella que describe Jared Diamond, la que empieza por reconocer que estamos ante una crisis profunda en la cual hay que aceptar las responsabilidades, la construcción de un cercado para acotar los problemas, la obtención de ayuda externa, para lo cual necesitamos de quienes saben pedir, cosa en la que los pereiranos somos muy ineficientes, la recolección de experiencias de otros países y ciudades que han vivido crisis parecidas, entre algunos otros de los factores inherentes a las crisis y a la metodología para superarlas.

Necesitamos del apoyo de especialistas, de conocedores de las tantas aristas que se deben cuidar en una labor que no será de corta duración, ya que esta tragedia superará todos los cálculos hasta ahora conocidos.

Ricardo III al caer en medio de la batalla clamaba: MI reino por un caballo, Pereira ahora reclama una organización que supere la del FOREC, ya no solo es reconstruir lo de cemento y ladrillo, ahora nos enfrentamos a una crisis de mayor tamaño, aquella de una ciudad sitiada no por agresiones externas sino por la desaparición de lo que tenía para ofrecer, un pueblo trabajador que se ha quedado sin dónde laborar y sin como cosechar.