El 24 de abril de 2024, en un operativo conjunto, la Empresa de Aseo de Pereira, ATESA de Occidente, la Alcaldía de Pereira y la Policía Nacional; informaron haber retirado 200 toneladas de residuos e inservibles de la esquina de la calle 10 con carrera 10 de Pereira. El 12 de julio siguiente, del mismo sitio, la Empresa de Aseo levantó 15 metros cúbicos de desechos y el 23 de marzo de este 2026, de nuevo, Aseo informó que de la carrera 10 con calle 10 había recogido 22,9 toneladas de residuos y, para dimensionar su magnitud, agregó que ese peso equivalía al de tres o cuatro elefantes.
Nos referimos a este punto por haberle hecho seguimiento, pero hay muchos semejantes en la ciudad, donde, casi día tras día, es recurrente la acumulación de basura, de todos los tamaños y orígenes; sobre los andenes, lo que produce entre los habitantes de la ciudad y sus visitantes, la incómoda sensación- y el olor- de vivir entre la suciedad.
Frente al problema, el gobierno de la ciudad ha informado de la imposición de multas millonarias, campañas pedagógicas, operativos especiales e intervenciones periódicas. Sin embargo, hay una evidencia contundente que no está en los comunicados oficiales sino en las calles de Pereira.
La historia sería apenas anecdótica si se tratara de un caso aislado. Pero no lo es. La propia Empresa de Aseo ha reconocido la existencia de 392 puntos críticos de acumulación de residuos en Pereira, además, de los pequeños acopios que se generan en residencias, establecimientos de comercio y otros lugares; donde sacan la basura en días que no corresponde o, cuando los recolectores no pasan. Esa suma revela que no estamos frente a un problema ocasional sino ante una dificultad persistente que afecta la imagen urbana, la salud pública y la calidad de vida de los ciudadanos
Por supuesto, existe una responsabilidad innegable de quienes convierten los andenes en depósitos clandestinos de desechos. Nadie puede exonerar a los ciudadanos, comerciantes o transportadores que arrojan residuos donde no corresponde y que parecen haber incorporado la infracción como parte de su rutina diaria.
Pero tampoco puede ignorarse la responsabilidad de las instituciones.
Cuando un mismo punto debe ser intervenido una, dos y hasta tres veces en menos de dos años; cuando toneladas de basura son retiradas repetidamente de la misma esquina; cuando las multas anunciadas no modifican conductas; cuando los operativos producen fotografías impactantes pero resultados efímeros, es legítimo preguntarse si la estrategia está funcionando.
La administración municipal tiene la obligación de liderar una política efectiva de recuperación del espacio público. La Empresa de Aseo tiene el deber de ejercer una interventoría rigurosa sobre la concesión. ATESA tiene la obligación contractual de prestar un servicio eficiente y responder por los estándares de calidad que le son exigibles. Y las autoridades de policía deben garantizar que las normas se cumplan.
Sin embargo, la percepción ciudadana sigue siendo la de una ciudad donde la basura reaparece más rápido de lo que desaparece.
Tal vez el dato más preocupante no sean las recientes 22,9 toneladas retiradas de una esquina. Lo verdaderamente alarmante es que, después de recogerlas, el problema vuelva exactamente al mismo lugar.
El aseo de las ciudades no fracasa porque se produzca basura. Todas la producen. Fracasa cuando los ciudadanos se acostumbran a convivir con ella. Por eso lo más preocupante para Pereira no sea la imagen de tres elefantes de basura en una esquina, sino la posibilidad de que terminemos considerando normal aquello que debería resultarnos inaceptable y repulsivo, mientras la ciudad pierde diariamente la batalla contra la basura.
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