Es una desgracia intelectual y social no poder hablar de política con los amigos y relacionados, porque sabiendo que vienen de las descuadernadas estirpes liberal o conservadora, hoy están radicalizados a la derecha y la izquierda.
En esta tormenta política de ánimos enardecidos, hay temores de recrudecimiento de estallidos sociales, violencia, sicariato político y todos los efectos nocivos de la tiranía del miedo que no veíamos desde los días de la pandemia del Covid, al punto que parece conveniente volver a provisionarse de suficiente papel higiénico.
En el inicio de la cuarta cohorte que la Sociedad de Mejoras de Pereira hizo el pasado viernes en el nuevo Parque El Vergel, la politóloga Juliana Mejía Peláez reveló la Encuesta de Polarización de la Universidad de Los Andes según la cual, el 84% considera que el país está polarizado. Las ¾ partes perciben esa división en su entorno más cercano. El 40% afirma que la fractura llegó a su núcleo familiar. El 27% asegura haber perdido amigos por diferencias políticas. Y revela que ¼ de las personas modificaría su postura ante nuevos y mejores argumentos.
El fanatismo es una vergüenza para el género humano. Soy alérgico a los fanatismos religiosos, políticos y deportivos, cuyas historias de odios y miedos son una pesadilla de destrucción, barbarie, desolación y muerte.
El miedo somete, condiciona e impide ser espiritualmente libres y felices. Por ello, toda polarización está soportada en el miedo cuya función emocional es efectista con los fines que persigue, en los negocios o en el amor, pero especialmente en las decisiones políticas.
El ego es el enemigo de los políticos y el miedo es némesis de los electores. La otra forma de constreñimiento que no está en el código penal es el uso del miedo como medio.
En esta polarización, por respeto a mi familia y amigos, me cuesta hablar de política, excepto cuando hay aceptación de la diferencia, y aun así, soy hermético con mis preferencias políticas. Es un insulto a la inteligencia que un periodista tenga el pretensioso derecho a adoctrinar o influenciar políticamente. Esa es tarea de los políticos de oficio.
Un buen análisis político debe ser ajeno a la militancia y al sesgo periodístico, incluso en servicios a causas electorales. Los periodistas podemos ser amigos de los políticos, pero lo misional y lo plural es ser más amigos de la verdad y de los intereses comunes de la ciudad y del país.
La polarización se sustenta en el dogmatismo. Al respecto Montaigne nos enseña: “Desenmascarar el engaño es difícil porque, mientras la verdad tiene una sola cara, la mentira tiene mil figuras”. Y agregó una clave: “El valor de la sinceridad”. Incluso sincerarse con uno mismo.
Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal




