Las recientes publicaciones de la Revista Semana, sobre la remodelación del estadio Hernán Ramírez Villegas de Pereira, no pueden ser ignoradas. Se trata de un medio influyente, cuyas denuncias sobre posibles retrasos —a menos de 60 días del vencimiento del plazo— ya anticipan prórrogas y generan preocupación, más aún cuando la promesa oficial fue ambiciosa. De acuerdo con lo publicado por la revista: “La Alcaldía de Pereira les prometió a sus ciudadanos el mejor estadio de Colombia y uno de los mejores de América Latina, comparado solamente con el Monumental, de River Plate; el del Inter, de Miami; el de Anfield, del Liverpool, y el Etihad Stadium, del Manchester City.”
Sin embargo, la inquietud de VIGÍA Cívica trasciende los tiempos de entrega. En diciembre de 2024 y antes de convocar la licitación pública para la modernización del estadio, se realizó en Pereira un comité técnico en el que se anunció la magnitud de lo que se pretendía con la obra. Estuvieron en la reunión el presidente de la Federación Colombiana de Atletismo y el presidente de la Liga Risaraldense de ese deporte quien, según lo publicado por la prensa, dijo: “Vamos a aportar nuestra experiencia y nuestro conocimiento para que este proyecto sea llevado de la mejor forma posible y terminemos con un escenario ideal, que sea de los mejores de Colombia y Suramérica”.
El presidente de la Federación, por su parte, declaró: “Creo que esta es la ocasión y vamos a elevar la propuesta desde la Confederación Suramericana para que este escenario sea utilizado en beneficio del atletismo colombiano, suramericano y mundial”.
En mayo de 2025, con la licitación en desarrollo, la Liga Risaraldense, con una prudencia que le reconocemos, puso en conocimiento del gobierno municipal que las seis pistas atléticas certificadas que existen en Colombia se construyeron con un sistema prefabricado. -la superficie se elabora en laboratorios y viene enrollada para adherirse a una subbase nivelada- Y solicitó que dentro de las exigencias técnicas para la pista de Pereira se incluyera ese sistema y las características específicas exigidas por la “World Athlectics” para pistas de categoría internacional.
Entonces la administración municipal generó una aclaración a los pliegos, que resultó insuficiente, pues sólo exigió: “prestar debida observancia a los manuales, estándares y certificaciones de la World Athlectics (…). para el recibo de obra es obligatorio presentar la certificación”
En una nueva observación la Liga pidió una adenda en la que quedará expresa la obligación, del contratista de la remodelación, de “presentar la certificación de la World Athletics de la Instalación en Clase II.” (una categoría de pista), con lo que la Liga quería asegurarse de que la pista de nuestro estadio fuera certificada para campeonatos continentales. En los documentos de la licitación no se agregó la exigencia y la decisión sobre el material de la pista quedó a decisión del contratista.
El resultado ya genera inconformidad: se optó por una pista tipo “sándwich”, construida in situ, cuya durabilidad y desempeño han sido cuestionados en otras ciudades.
En declaraciones recogidas por el medio “Deporte Santarrosano”, difundido por internet, personalidades del atletismo nacional, al referirse a la superficie que se usará en la pista de Pereira, advirtieron sobre la poca duración del material y los inconvenientes que ha presentado en otras ciudades del país.
A lo anterior se suman otras decisiones preocupantes. Elementos clave exigidos por la FIFA, como el sistema de megafonía y la red digital del estadio, también quedaron al arbitrio del contratista, sin garantías claras de cumplimiento, pues la única exigencia concreta que el municipio le hizo a este, en cuanto a dotación, fue que instalara las pantallas gigantes con especificaciones diferentes a las recomendadas por la FIFA.
En síntesis, la distancia entre la promesa y la realidad es evidente. De un estadio proyectado como referente continental, podríamos terminar con uno que no cumple plenamente estándares internacionales y con una pista atlética de tecnología cuestionada y menor vida útil.
La pregunta es inevitable: ¿quién responderá ante la ciudad por el pobre resultado que vislumbramos, que le costará a la ciudad $25 mil millones?
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