Me gustan las frases de pensadores que escriben sobre aquellos personajes intrascendentes que pasan por el mundo como un rayo de sol por un cristal, sin romperlo ni mancharlo.
Entre las despiadadas está la del escritor y polemista francés León Bloy al criticar la apatía y la tibieza: “hay quienes van del útero al sepulcro sin estremecerse”.
Y la de Oscar Wilde, igualmente letal: “Hay quienes existen, pero no viven”.
En sentido contrario, estimo que al escoger un solo aforismo cuyo pensamiento profundo enaltezca la vida y obra de una persona, mi elección es por Bertolt Brecht en su poema Los imprescindibles al decir que, “Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos; pero hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.
Elijo esa expresión como si fuera la medalla de honor que en su viaje a la eternidad, el destino le impusiera a la abogada María Victoria Calle Correa, en mérito a sus virtudes ciudadanas, profesionales y personales que en vida tuvo La Tota, incluso en su agonía, porque a la manera de Unamuno, “no agoniza quien está muriendo, sino quien lucha por no morir”.
Por La Tota, como cariñosamente se le conoció, sólo tuvimos respeto y admiración sin orillas y ni fronteras.
Tuve el privilegio de su cercanía y afecto en especial cuando en Bogotá fue nuestra vicepresidenta jurídica en La Previsora Compañía de Seguros, de donde salió postulada a la magistratura de la Corte Constitucional.
Antes, fuimos testigos de su prestigio profesional como Secretaria Jurídica de la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira con diferentes mandatarios que con ella se sentían más tranquilos y seguros.
Es conocida la anécdota de su vida profesional, cuando elegido Diego Patiño Amariles gobernador de Risaralda le pidió que lo acompañara en el gabinete a lo cual La Tota se reusó por temor al carácter de Patiño, quien le insistió con el compromiso de que, le aceptara por tres meses y si en ese lapso sentía que no podían trabajar juntos “no pasa nada y seguimos de amigos”. Al final lo acompañó todo el mandato.
Un punto alto de su trayectoria e independencia fue su voto contra la segunda reelección presidencial de Álvaro Uribe. Pero me quedo con la descripción del jurista Rodrigo Uprimy en El Espectador al señalar que María Victoria Calle se ganó el respeto de la Corte Constitucional (de la que llegó a ser presidente) sin ser experta en esa rama del Derecho llegando a la presidencia de esa alta corte a base de estudio y sabiduría en el trato y respeto con su equipo de asesores que conservó del magistrado saliente.
La Tota queda en el mundo de los imprescindible, porque deja un vacío en nuestros corazones y a la vez la enorme satisfacción de haber conocido a una gran mujer, una estupenda profesional y un gran ser humano.




