Dicen que las miradas hablan. Yo lo creo.
La primera vez que vi una publicidad de Federico Restrepo al Senado de la República en el Partido Verde y con el número 77, no escuché un eslogan, no leí una promesa grandilocuente. Vi una mirada. Y en esa mirada percibí algo escaso en la política colombiana: sinceridad.
Hice lo que pocas veces hacemos cuando algo nos genera buena impresión: investigar. Revisé su trayectoria con rigor, con lupa, con la prevención natural de quien ha visto demasiadas decepciones públicas.
Y encontré coherencia.
Encontré a un hombre que dirigió Empresas Públicas de Medellín con carácter técnico y sentido público. Que asumió la rectoría de la Universidad de Medellín entendiendo que la educación no es discurso sino responsabilidad.
Que lideró proyectos estratégicos de Autopistas de la Prosperidad donde dirigió 8 concesiones fundamentales para la competitividad y la integración del país. Que ha sido miembro de juntas directivas de empresas de gran prestigio a nivel nacional e internacional. Y que, además, cultiva una sensibilidad artística genuina como músico que se ha destacado incluso a nivel de participación en orquesta sinfónica.
Como si fuera poco además de ser Ingeniero trae consigo un título de doctor honoris causa de la Universidad Nacional de de Colombia entre muchos más méritos académicos y de éxito en su gestión administrativa y empresarial.
Esa combinación —ejecutor riguroso y ser humano sensible— no es común. Y menos en el Congreso.
Lo llamé. Le hablé con franqueza de mi preocupación por la ausencia de candidatos con estas condiciones en Risaralda. Le hablé del constreñimiento electoral vulgar y sin vergüenza que hemos normalizado. De cómo lo público se ha ido convirtiendo en patrimonio de clanes y familias que se reparten el poder como si fuera herencia.
No evadió la conversación.
Hablamos de Risaralda. De su conocimiento de nuestra región. De las obras de infraestructura que nos conectan y nos conectarán como país. De la urgencia de atender la PTAR de Pereira y de los municipios vecinos. De la inseguridad creciente. De la necesidad de fortalecer programas educativos pertinentes para nuestro departamento.
No ofreció milagros. Ofreció trabajar por nuestro departamento y el eje cafetero y nos visitó.
No en visita protocolaria de candidato que posa y se va. Generó espacios de escucha activa. Conversó con ciudadanos. Se dejó interpelar. Fue claro en algo que valoro profundamente: Risaralda merece representación con altura, con rigor y con decencia.
Su mirada me cautivó.
Pero fueron sus certezas, su experiencia y su integridad las que me convencieron.
Este paisa —que promete darle altura al Congreso, literal y simbólicamente— no representa solo a Antioquia. Representa una visión de país. Una política que supera el interés local para pensar en Colombia con responsabilidad.
No votar por alguien con estas condiciones y seguir eligiendo más de lo mismo es desperdiciar una oportunidad enorme. Es permitir que los recursos de nuestro departamento y de nuestro país sigan diluyéndose en la corruptela que tanto daño nos ha hecho.
Senadores nefastos producen futuros nefastos.
Colombia necesita personas sin tacha.
Risaralda también.
Federico Restrepo, coalición Ahora Colombia, número 12 en el tarjetón del Senado, es una de esas personas.
La mirada fue el inicio.
La coherencia fue la confirmación.
El voto debe ser la consecuencia.
Ana María Cadavid es una educadora pereirana con experiencia internacional. A escrito variios libros sobre pedagogía moderna. Es una aguda observadora de la política con énfasis en las problemáticas regionales de Risaralda y Eje Cafetero.
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