Como fundador del Deportivo Pereira en 1944, el capitán de la policía, Guillermo Gaviria Londoño no se imaginó -porque no era esa su intención- que el equipo que armó como medida de convivencia para zanjar una rivalidad que consideró peligrosa para las partes y para la comunidad, con el paso del tiempo fuera pasión y a la vez, sufrimiento de los pereiranos.
Es la conclusión que asumo al terminar de leer el libro “De Libaré a la Villa Olímpica, Deportivo Pereira 80 años de historia” escrito por el periodista deportivo Danilo Gómez Herrera, otro de los tantos pereiranos que desde los años 60 íbamos al estadio Alberto Mora Mora a apoyar el glorioso equipazo colombo-paraguayo que en el 65 estuvo en la punta, tres de las cuatro vueltas de ese largo y vibrante campeonato.
El libro de Danilo, es el sexto que escribe con base en sus propias vivencias y largas jornadas en los estadios de Colombia y el continente casi siempre desde las cabinas de radio, en los archivos y en entrevistas y testimonios recaudados. Soy testigo de su esfuerzo y admirable vocación inquebrantable de periodista deportivo a lo largo de muchos años.
En el libro, me gusta la forma como Danilo exalta la inolvidable figura del profesor César López Fretes, un gran pereirano nacido en la República de Paraguay. Sentó sus reales y sus afectos en Pereira hasta sus últimos días, tiempo en el que, cuando fui editor de El Diario, le hice una larga entrevista en su casa de la Avenida Circunvalar.
Y algo similar hace Danilo con el gran Isaías Bobadilla de cuya amistad disfrutamos todos los pereiranos. Si algo me gustó de Bobadilla como insustituible defensor, fue su pundonor y su guapeza. Nunca se le vio dándole la espalda a un balonazo. Despejaba con la frente incluso los tiros con barrera.
Por supuesto que en el libro de Danilo está el inolvidable padre Antonio José Valencia, esa bienaventuranza con sotana que en la historia de la ciudad y del Deportivo Pereira es irrepetible y perenne en gratitud y en enseñanzas de civismo que la metrópoli insaciable ha ido borrando de la pereiranidad.
Nunca deberíamos olvidar que todo el complejo de la Villa Olímpica lleva el nombre del padre Antonio José Valencia. A la entrada del estadio hay un monumento al padre Valencia, el mismo que en principio estuvo detrás de la portería norte.
Si yo fuera alcalde de Pereira haría poner ese monumento en la cima del obelisco, que es el sitio en ese lugar sagrado del deporte donde debería estar el padre Valencia. También sería el pretexto perfecto para que ese obelisco por fin sirva para algo útil y memorable.
Todo lo inmenso del Grande Matecaña está en el libro de Danilo y en la memoria y remembranzas de quienes tuvimos el privilegio de vivir esos días para contarlo, siempre con la esperanza de que los mejores días todavía están por venir.
Como lo estuvimos en diciembre del 2022 cuando el Deportivo Pereira por primera vez se coronó campeón del fútbol colombiano, y al año siguiente nos dio la enorme satisfacción de una digna representación en la Copa Libertadores de América, hechos que también están registrados en el nuevo libro del gran periodista y mejor ser humano que es Danilo Gómez Herrera.