Dice Labatut, al recrear la vida del físico genio austríaco Ehrenfest “…..creía que el descubrimiento de lo irracional era la fuerza que impulsaba todos los movimientos de vanguardia, movimientos que, incluso a los ojos de un observador lego, parecía estar poseídos por una fuerza, por una energía faunística sin límites, una aceleración que los llevaba de forma inevitable, hacia una trágica caída en la cual todo estaba permitido”. Lo irracional entonces no reconoce: límites, ni reglas, ni siquiera la verdad. Más adelante concluye que “—podía oír el siseo de lo irracional en los cánticos descelebrados de las juventudes….”
Cabe entonces la tesis de que lo irracional es lo que está impulsando el comportamiento de la masa en el tercer mundo, después de haber fracasado en la vieja Europa y en la más antigua y culta Asia, no de otra manera puede explicarse el progresismo el cual, como todo lo que proviene de los poseedores de la verdad absoluta, es una forma de disfrazar el regreso al pasado, a la tiranía del gobernante que no tiene ni respeta normas, ni leyes, ni conductas establecidas, todo ello con el discurso de avanzar, de cambiar lo que históricamente estaba totalmente equivocado.
El pueblo, aquellos que marchan al son de los tambores, de los tamales y de las promesas, es irracional en la medida que desconoce las razones por las cuales sale a la calle; de las encuestas realizadas en las recientes manifestaciones populares, se evidenció que el marchante ignora las verdaderas razones de la protesta, solo con escasísimas excepciones, quienes al son de los timbales del combate desfilaron, habían leído el proyecto de reforma laboral, elaborado por la ministra sindicalista y devota de Nepote, la que se vende como la redención del trabajador y la fuente de creación de empleos, pero desconoce que la mayor inequidad está en el 60% de los colombianos que se encuentran en la informalidad, situación que ni siquiera se menciona en el texto, ellos los ignorados desposeídos, quienes están dispuestos “a votar piedra si toca”, acompañaron a los que marchan para apoyar lo que ni les atañe, ni siquiera los afecta, a sindicalistas financiadores de la campaña presidencial y a muchos otros que creen que la burocracia es la mejor alternativa.
Al contrario de las consignas, la fallida iniciativa afecta en materia grave a las mujeres jóvenes, también a quienes aspiran a ingresar en el mercado laboral, puesto que destruirá empresas y muy particularmente a la pequeña y mediana.
Quienes hacen largas filas esperando medicamentos no pueden olvidar el plop, plop, plop, con el que el presidente Petro anunció que desbarataría, como cae una fila de fichas de dominó, el sistema de salud para cambiarlo por uno en manos del gobierno de turno, así las 20 empresas intervenidas, figuran en el tope de las que no atienden de manera adecuada a los afiliados, de este desastre, el que no hay medicinas unas porque están intervenidas en manos incompetentes cuando no corruptas pero en mayor medida, porque no hay dinero con que pagarlas, ello no es responsabilidad de los fabricantes y distribuidores y de la concentración de la oferta como alega el que siempre encuentra el culpable río arriba, lo cierto es que lo antes no faltaba ha desaparecido.
Recuerdan el estallido social, como calificaron a las hordas destructoras, incendiarias y hasta asesinas, cuando fueron convocadas por los cambios en el impuesto al consumo, el IVA, esos mismo ahora marchan para apoyar a quienes pusieron impuesto al: pan, las galletas y la colombiana.
La buena educación es escasa no por culpa de los colombianos, como lo demuestran quienes tienen la fortuna de recibir una educación de calidad, lo que hay es una educación politizada y pésima, ella no mejorará con más cupos sino con mejores profesores y programas.
Lo dicho y mucho más muestra como lo irracional es el motor del anunciado cambio, el mismo que conduce irremediablemente a la destrucción de todo lo que es bello, útil, ajeno e indefenso.