LAS TESIS BARATAS QUE NO PASAN

En visita que hiciera a una prestigiosa universidad española con la que mantenía convenios educativos la Universidad Tecnológica de Pereira, tuve la oportunidad de conocer los excelentes campus, las zonas de recreo, una planta de docentes que envidiaría cualquier establecimiento de educación superior, orgullo ella de su ciudad y del sistema español, ocasión en la cual, además de recibir atenciones e información sobre lo que nos ofrecían en colaboración, pude presenciar la sustentación de una tesis doctoral de un profesor colombiano.

​Las universidades españolas, como en muchos países, sufre por la falta de aspirantes, España ocupa uno de los más bajos índices de natalidad, así para que la pirámide poblacional se mantenga estable se requiere al menos de 2.1 hijos por mujer, mientras su situación es de apenas de 1.12 nacimientos, lo que está afectando la viabilidad del sistema educativo y, pienso yo, es otra de las causas por las cuales se está ofreciendo ciudadanía, en mayor medida a los latino americanos, quienes compartimos: el idioma, la historia, los genes y usos; somos una alternativa a las migraciones provenientes de otras regiones, religiones y costumbres.

​La universidad en cuestión creó una dependencia especializada en conseguir, con las universidades de este continente, estudiantes de postgrado lo que además de ayudar a los países de este tercer mundo, también resulta una estrategia que genera beneficios para quien recibe a estos estudiantes ya maduros, puesto que, los postgrados, particularmente los conducentes a doctorado, incorporan trabajos de investigación, conocimiento del cual también se lucra quien ofrece los estudios, además de los ingresos que generan las matrículas y demás costos de sostener por años a estudiantes y sus familias.

El profesor en cuestión estaba a punto de recibir su jubilación, era entonces un despropósito que una entidad que necesita mejorar la calidad de sus docentes, estimular la investigación y acosada por la falta de recursos, invirtiera el dineral que cuesta un doctorado, en quien solo prestaría servicios por un muy corto tiempo.

​Se llamaba obra maestra la que realizaba un aspirante al título de maestría, por parte del gremio de los artesanos de entonces, su trabajo, juzgado por sus pares, le merecería el reconocimiento en el evento que esa obra fuera eso, un trabajo inmaculado que demostrara las destrezas de su autor.

Una tesis doctoral debe ser un trabajo original que aporte conocimientos, permita entender el entorno, en una palabra, debe ser una obra maestra, como se entendía entonces.

​La tesis a la que hacemos referencia era una encuesta de satisfacción de la población de un municipio con la comodidad y cumplimiento de su sistema de trasporte público masivo, tesis que fuera aceptada por quien la calificó y otorgó el diploma respectivo.

​ Cuando me inquirieron sobre mi concepto sobre lo que había escuchado, reclamé, mencioné que esa tesis apenas sería buena, en mi país, para un joven bachiller, nunca una tesis doctoral. Expresé que los profesores que enviábamos a seguir estudios de alta calidad no necesitaban de complacencias y menos de calificaciones no merecidas.

​Contrasta ese episodio con lo que viene ocurriendo en nuestro país, donde hay Universidades, de las llamadas de garaje, que como lo hicieran esos profesores ibéricos, regalan a quien no lo merece, aquí, como allá un ilustre funcionario público, de cuyas capacidades no dudamos, recibe: título profesional, maestría y casi doctorado en solo unos meses, lo que a los demás mortales les toma años.

Pero no todo es así, a lado de esas pseudo universidades que son un agravio a la honestidad, aún tenemos otros establecimientos de educación superior y profesores serios y rigurosos que rechazaron la tesis de su poderoso jefe, ministro del ramo por más señas; unas son de cal y otras de arena.