El Teatro Negro de Praga se hizo famoso en el mundo entero puesto que ha logrado presentar obras de teatro sin el uso de la palabra; con efectos de luces, sombras y mímica conquista y trasmite.
Marcel Marceau, el francés, fue el maestro del arte del silencio y como no recordar a los actores del cine mudo como Charles Chaplin.
La televisión ha presentado dos eventos los cuales, al quedar registrados, pasarán a la historia sin enmiendas: el primero fue la transmisión del Consejo de Ministros en el cual se levantaron las gualdrapas y aparecieron las peladuras en el lomo del gobierno actual y la segunda, el juicio contra el ex presidente Uribe por el intento de soborno a un testigo, Monsalve, convicto por secuestros extorsivos y condenado en dos instancias a 40 años de prisión, quien manifiesta que ha tratado por distintos medios lograr cambios en las condenas que considera injustas, razón suficiente para suponer sería estímulo para ponerse al servicio de quien le pueda socorrer y que supla la falta de efecto de su carta al presidente Uribe, para que intervinera en su favor.
El lenguaje de señas que hemos visto en la televisión es muy evidente, así cuando el senador acusador coloca dedos en la cara, gesto que coincide con la manera como responde la testigo; el senador acusador sentado en el mismo mueble que la señora fiscal; la testigo adminitiendo que ingresó a la cárcel, con la ayuda de una magistrada, un elemento prohibido el cual sería utilizado para prefabricar pruebas, y las veces que, como jugador de futbol en la cancha, el senador Cepeda habla tapándose la boca, todo ello se suma a los continuos no me acuerdo de los testigos estrella lo que ha obligado, para ayudar a la memoria, exhibir sus testimonios realizados, bajo la gravedad de juramento, ante autoridad judicial.
Que el senador Cepeda, quien se recorrió las cárceles en Colombia y en los Estados Unidos, buscando testimonios de delincuentes convictos para acusar a quien no visitó prisión alguna esté actuando tan diligentemente en el juicio es explicable, al fin y al cabo Uribe se ha convertido en su “el motivo y la razón” como dice la canción, pero lo que resulta inexplicable son tomas, como aquella en la que la señora fiscal se pone de pié, camina detrás de uno de los abogados y se ve cuando cae un papelito a su lado, papelito que luego, aparentemente, es lo que lee el destinatario.
A lo dicho para completar a la señora juez, cuyo lenguaje, al referirse al ex presidente Uribe y su actitud en el manejo del caso ha despertado la protesta de la defensa, a lo que se suma cuando responde a lo que al interrogado se le pregunta y a ello se puede agregar el caso del guarda, quien permanece detrás del interrogado, a este uniformado se le ve manipulando el celular y lo que ocurre de inmediato permite suponer que se está comunicando con el testigo Monsalve.
Qué tal que la caída de un celular borra todos los datos, o que el testigo que se dice trató de sobornar el acusado, recibió por el contrario, de terceros: fincas, casa fiscal, fiestas con licores importados, celulares, privilegios y visitas repetidas del senador que dedicaba meses y meses buscando un testigo para enjuiciar a Uribe.
Antecedentes, tales como magistrados involucrados que ahora están convictos, las miles de horas de grabaciones ilegales, en contra de la previctima, realizada con el consentimiento de una suprema autoridad, las grabaciones ocultas que no fueron entregadas en el equipo que las captó sino en una trascripción calificada de editada por peritos y finalmente las declaraciones gratuitas, a cuenta de viva la patria, por parte de delincuentes penados por delitos mayores, son apenas el escenario donde se desarrolla el juicio que pasará a la historia como a sus actores, así alguno de ellos, como Eróstrato, piense que se le recordará así sea de villano.