Platón dijo que la democracia no era la mejor alternativa, dado que permite gobernar a personas sin los conocimientos y la experiencia necesarias para bien decidir, además es responsable de que el éxito electoral se logra cuando se ofrece más allá de lo posible y además, con frecuencia, induce a la generación de desorden y lo peor llega a ser la antesala de la tiranía; desaprobación a la que se sumó Sócrates, quien destacaba como los electos terminan usando el poder en beneficio personal, este sabio, quien no necesitaba de nada ni de nadie, el mismo que mandó a freír espárragos al poderoso Alejandro, en el ágora y por votación, fue condenado a muerte, despropósito que a Platón le sirvió para ratificar la descalificación expresada.
Churchill afirma que la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás, él acepta sus defectos, en lo que se pone de acuerdo con lo que dijeran los griegos de entonces, pero, cuando los compara con los de las dictaduras, de las tiranías, concluye que prefiere aquella con la cual, la sociedad contemporánea sustituyó a las que concentran el poder y todos los bienes y servicios en manos del gobernante.
A lo dicho agregamos que la democracia padece de un mal que sustituye la legitimidad con dinero; la compra venta de votos, ya es endémico.
Aquello de que sensato es quien aprende de sus experiencias y que los sabios son aquellos que de las de los demás adquiere conocimientos, y que los necios, los estúpidos a quienes define el historiador italiano Cipola como: “persona estúpida es aquella que causa daño a otros sin obtener beneficio propio, a incluso perjudicarse a si misma” se pone a prueba en cada elección.
Es notorio como a través de la democracia, se repiten los errores que han conducido a la miseria, a la tiranía y al atropello de las libertades, realidad demostrada una y mil veces, tantas que es imposible mostrar un solo caso en el cual el comunismo, la predicada tesis de la igualdad y de la necesidad de entregar todos los bienes, los servicios, la capacidad de dispensar lo más esencial: la salud, la justicia, el dónde vivir y de la libertad de pensar, de reclamar de discutir, lograra hacer realidad sus promesas y por el contrario ha mostrado miseria, persecución, destrucción del aparato productivo y el acaparamiento de la riqueza en una escasa clase dominante.
Estamos en manos de la democracia para decidir si quienes ofrecen el continuismo, acelerar la concentración de todo y el poder absoluto, aquellos para quienes todas las formas de lucha son válidas, un gobierno que se apropia del ahorro y del patrimonio y al prestado adquiere dineros para comprar voluntades, y ofrece pan para hoy y hambre para mañana, el mismo que acumula casos de corrupción y de destrucción de lo poco que bien funciona, o si, por contrario opta por un cambio, el cual debe ser para mirar lo que se ha hecho mal en el pasado, no regresar a ese caldo de cultivo de la corrupción y al favorecimiento de los que están cerca del poder, para que se atienda a quienes merecen y necesitan de apoyo y para que la by producción atienda a las necesidades de la gente de bien y no de los delincuentes.
Sea que gane la una o la otra propuesta, ambas necesitan, para que no sea la corrupción y el delito una tragedia inevitable, cambiar, purgar, hacer de la justicia ese pilar inexpugnable que ofrezca garantías, ajeno a la corrupción que hoy nos muestra que ha permeado hasta a las más altas cortes y que ya es endémica en todo el sistema; que cada: magistrado, fiscal, juez, secretario de despacho, abogado y litigante, sean pulcros, que esa llegue a ser la rama más respetada y respetable de todo el sistema. Sin una justicia justa no habrá futuro.
Juan Guillermo Ángel Mejía es ingeniero industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira. Exalcalde de Pereira y exsenador y expresidente del Congreso de la República. Fue embajador en Guatemala. Es un pereirano de todas las horas y columnista de GQ Tu Canal
GQ Tu Canal es un medio periodístico independiente y democrático que rinde tributo al derecho constitucional de libertad de expresión.
Las opiniones de nuestros columnistas son respetadas, y de su exclusiva responsabilidad




