Este pereirano nacido en el Tolima, de preclara inteligencia y siempre interesado por la suerte de Pereira, recién escribió su columna “Nuestra clase dominante”, pensamiento crítico para tomar en serio.
El abogado Alfonso Gutiérrez Millán, administra con sabiduría un respetable kilometraje de años que me recuerdan la veneración de las culturas orientales por quienes acumulan experiencias, aprendizajes y conocimientos.
Lo reconozco como profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Libre, autor de libros sobre los alcances del poder, notario y observador del comportamiento social y político, e incluso moral.
Citando a los sociólogos italianos Mosca y Pareto, Gutiérrez Millán señala que en todas las sociedades el monopolio del poder sobre los intereses públicos es dominado por ciertos grupos.
Y va con su lupa desde la década de los 70 hasta las falencias de nuestros días donde “la falta de visión estratégica de la clase dominante sobre el futuro de Pereira”, le permiten diagnosticar que, “hoy necesitamos nuevos horizontes”.
Al final, plantea su presagio -en mi opinión, condicionado- en el sentido de que Gutiérrez Millán advierte a la clase dirigente, que, “de no corregir su rumbo, continuará improvisando en materia de soluciones geopolíticas”.
¿En qué aspectos, además de la falta de visión estratégica, deben corregir el rumbo? ¿Incluye al poder gremial? ¿Y a cierta élite que sin poder formal tiene poder real?
Desde su presagio sobre el futuro de Pereira advierto un péndulo político que oscila entre el reto y la oportunidad para quienes, sin mencionarlos, es referido hacia el alcalde Mauricio Salazar y al gobernador Juan Diego Patiño.
Los jerarcas de ayer que menciona Gutiérrez, ponían gobernantes a dedo. Quienes hoy gobiernan por mandato popular son líderes naturales del territorio y como tales, tienen la iniciativa y la jerarquía de la convocatoria para el ejercicio de diseñar, planear, concertar, hacer y solucionar.
Y una oportunidad para las actuales administraciones, para que, en medio de la puja electoral, retornen a la grandeza política, la concertación institucional y el poder visionario para proyectar estrategias de prospectiva y emergentes que aseguren el desarrollo económico, social y de infraestructuras del territorio.
Nuestros alcaldes y gobernadores, congresistas y dirigentes gremiales que han fracasado en sus intentos por visionar y materializar el desarrollo, unos, han hecho lo que se puede; otros, han sido inferiores a sus responsabilidades.
Del presagio de Gutiérrez Millán colijo que pide a nuestra clase dominante más visión estratégica y que llegó la hora de aplicar la teoría de Vilfredo Pareto: que el resultado sea el 80% y las causas el 20%..