EL DESENCUENTRO CON EL CASO DE “TATO” SANÍN

Desde 1975 me formé en el mundo de la radio donde viví grandes experiencias. De allí traigo la firme convicción de que, con tenacidad, estudio, enfoque y pasión, es posible lograr buen nombre, confianza y reconocimiento en cualquier profesión u oficio.

Desde mis entretelas quiero compartirles una contrariedad vivida a lo largo de mis 50 años de periodismo: casi todos los directores de talento o gestión humana, se montan en campañas internas con las que pretenden hacerles creer a los empleados que, “en esta empresa somos una familia”.

Siempre me opuse a esa absurda idea con la fortuna de contar con el respaldo de la alta dirección cuando expliqué: “Uno solo tiene una familia, de la cual no lo echan y a la que, por nexos de sangre, siempre pertenecerá, incluso después de muerto”.

Cuento esta historia porque nuestro admirado Gustavo Alberto Sanín, más y mejor conocido como “Tato”, ha recibido el sorpresivo ultimátum laboral después de 38 años de servicios. Lo echaron de la “familia Caracol Radio”.

Es perverso el estilo de “gestión del talento humano” de Caracol. En 2022 la gerente regional Eje Cafetero Catalina Hurtado, estupenda ejecutiva, regresó de vacaciones y ni el escritorio encontró.

Siempre tan pereirano, “Tato”, ya en el curubito, se negó a vivir fuera de la Pereira que ama. Recuerdo sus inicios en el Grupo Radial Colombiano y más de 40 años después, sigue siendo el mejor narrador de fútbol de talla internacional de las últimas décadas en el torneo profesional y los nueve campeonatos mundiales que relató. “Tato” ha vivido el espíritu del fútbol respirando por el micrófono la intensidad del juego.

Dada su calidad humana y profesional, puede ser llamado por otro medio radial o de TV, o fortalecer su proyecto digital. Pero quienes sabemos de su pasión por la radio y de su lealtad con Caracol, sentimos que el infame portazo es lo más parecido al tango Desencuentro, del “Polaco” Goyeneche: “Quisiste con ternura y el amor te devoró de atrás hasta el riñón; se rieron de tu abrazo y ahí no más, te hundieron con rencor todo el arpón”.

Es virtud sentir gratitud por las empresas a las que se les presta el talento y la capacidad profesional, pero siempre he creído que, si te van a sacar, que sea con afecto, respeto y con el reconocimiento que como en el caso de “Tato”, merecía.

Nadie, es eterno en un empleo. Pero las formas dicen mucho de las personas, las empresas y las instituciones.

No sería extraño que cuando los robots con inteligencia artificial presientan que sus “amos” van a prescindir de ellos, la historia termine contada, al contrario, porque si la gratitud es la memoria del corazón, la ingratitud es el más despreciable de los defectos.