DEPORTIVO PEREIRA: SUÁREZ ¿NO MÁS?

La polarización es un virus mortífero que salió de la política y se metió en el fútbol sin duda por causa de la toma de políticas de administración, buenas o malas, pero que, como las bacterias, cuando son más las malas, aparecen los dolores y los trastornos.

Qué otra cosa se puede concluir luego de la paradoja surgida del partido entre Deportivo Pereira y Envigado el pasado sábado 8 de marzo en el estadio Hernán Ramírez cuando el equipo Matecaña en el primer tiempo metió dos goles, dominó al contrario, tuvo el control del balón, del juego y del marcador.

En la segunda parte se metió atrás. Y ojo que es la segunda ocasión que en casa repite esa experiencia con seis puntos en el bolsillo, que son un sorbo saludable en medio de la sedienta travesía en el desierto.

Cerca del final del partido en la tribuna sur aullaron los bravos lobos hambrientos de triunfos a que nos tenía acostumbrados el Pereira campeón del 2022.

Mientras Lobo Sur subía el tono del coro: ¡Suaaareeez, no más!, el técnico -quizás consciente de su estrategia- jugaba con una botella vacía en sus manos. Llegué a creer que Lobo Sur estaba pidiendo que el técnco sacara a Yeison Suárez para el aplauso por el excelente y efectivo doblete.

En contraste, la tribuna de occidental al final, con aplausos y de pie, se expresó admirada por el buen juego que traen los Matecañas desde la derrota con Santa Fe, refrendada contra Once Caldas y confirmada contra Envigado, en especial desde la férrea y ordenada defensa hasta el medio, porque en el frente de ataque… pocón pocón.

Es lo que hay y lo que hace que la tribuna acostumbrada a las ausencias de Carlos Darwin, extrañe a Faber Gil, Lencina e Ibarguen. Suárez sabe lo que tiene, lo que le quitaron y lo que le hace falta. Por eso confía en su cerrojo. Incluso mandándolos al ataque, como cuando Yeison Suárez hizo dos y Moya “se comió” el tercero. Eso sin contar el que pegó en el travesaño. Entonces: ¿Suárez se debe ir?

No olvidemos que el rival no es una pera en dulce. Aunque fue goleado por Santa Fe, venía de ganarle a Junior en Barraquilla, lo que equivale a decir que, en el fútbol, como todo juego, las condiciones no son siempre las mismas y la estadística histórica de partidos a la hora de la verdad pesan, pero no juegan.

En el segundo tiempo, como en un casino, el jugador inteligente que no quiere quedar en la ruina y en la calle, luego de salir premiado con la suerte de entrada, no comete el error de salir jugándosela al todo o nada. Se limita a planear y calcular la salida con algo en el bolsillo. Salvo mejor opinión, eso hizo el técnico Luis Fernando Suárez porque, aunque conoce el juego, no es ludópata.

El ludópata es suicida. ”Juego mi vida, de todas formas, la tengo perdida”, dijo el poeta León de Greiff quizás inspirado en El Jugador, del ruso Dostovieski, relato que llega a la nuez cuando el magnate inglés le pone un florín en la sorprendida mano del ludópata diciéndole, que es lo mismo jugar un florín que un millón porque de todas formas saldrá perdiendo.

Contra Envigado, me quedo con los tres puntos, que estamos a pocos puntos del octavo y con el buen juego del equipo, porque en el fútbol como en la vida misma, cada día trae su afán.