CAMANDULAZOS

Hace unas décadas al jesuita Alfonso Llano le prohibieron escribir por haber expresado en su columna de El Tiempo opiniones no tradicionales sobre la virginidad de María. Un hecho bastante paradójico, teniendo en cuenta que importantes teólogos católicos han aceptado la existencia de serios interrogantes sobre el tema.

Así, en el “Manual de Teología Dogmática” dirigido por Theodor Schneider, J. Ratzinger afirma lo siguiente: “La filiación divina de Jesús…no descansa en el hecho de que no hubiese tenido un padre humano; la doctrina…no se vería afectada porque hubiera nacido de un matrimonio normal.

Y es que la filiación divina de Jesús, de la que habla la fe, no es un hecho biológico sino ontológico” (Edit. Herder-1996 Pág.- 800). Opinión bastante respetable, puesto que su autor fue elegido papa.

Los reformadores no concedieron importancia al hecho de que María fuera virgen, puesto que en los evangelios se habla de hermanos de Jesús, y no necesariamente en sentido espiritual. Fuera de esto, algunos exégetas afirman que el problema se debe a una traducción deficiente del libro de Isaías -quien profetizó sobre el nacimiento del salvador- pues tomaron una palabra que en la lengua original significa “mujer joven” y la confundieron con el griego “parthenos”, que es mujer virgen.

En la Compañía de Jesús no han faltado persecuciones, como sucedió con Teilhard de Chardín, silenciado por afirmar que los humanos podríamos ser objeto de evolución. Hipótesis que hoy no condena El Vaticano, pero sigue en la mira de movimientos como el del exprocurador Ordoñez.

Algo remoto, pero semejante, sucedió con Lutero. Hoy existe acuerdo en que si a él lo hubieran tratado en forma menos agresiva, habría sido posible llegar a acuerdos; como sucedió en años recientes, cuando teólogos del Vaticano dialogaron con otros de la secta del reformador, hallando coincidencias en temas tan complicados como la justificación por la fe.

Ese “espíritu inquisitorial” usado contra el padre Llano ha dejado profundas y tendenciosas huellas en la mente de los colombianos. Por regla general, no toleramos expresiones contrarias a lo que consideramos “nuestra verdad”.

Tal fenómeno se manifiesta de manera especial en las posturas políticas de la gente, hasta el punto de trasmitirse a quienes desafían el sistema político.

Así lo entendió un agudo analista social como J.E. Gaitán, quien llegó a decir que ciertos comunistas colombianos eran como una especie de “curas de pueblo al revés”.