Fotos nuevas, slogans reciclados, promesas infladas y una sobredosis de entusiasmo impostado. Todos “escuchan a la gente”, todos “recorren el territorio”, todos “luchan por Risaralda”. El problema es que, cuando uno rasca un poco, no encuentra gestión: encuentra ruido.
La política local se volvió un concurso de visibilidad, no de resultados. Hay candidatos expertos en la selfie, virtuosos del video corto, campeones del hashtag… pero incapaces de mostrar una sola decisión incómoda tomada cuando no había cámaras ni campaña.
Ahí es donde aparece el contraste incómodo: Juliana Enciso.
Mientras otros confunden representación con presencia digital, Juliana tiene algo que no se puede fabricar en campaña: ordenanzas aprobadas, control político ejercido y costos asumidos. No discursos. Hechos.
En la Asamblea no fue espectadora ni levantamanos decorativo. Votó sí cuando había que votar sí, y votó no cuando el “sí” era más fácil, más rentable y más aplaudido. Negarse a la venta de un lote estratégico de la Villa Olímpica no da likes. Defender recursos para deporte, educación y juventud no genera tendencia. Pero deja huella.
En Risaralda abundan los que hablan de juventud sin haberles entregado una sola herramienta real. Juliana promovió una ordenanza concreta para que jóvenes ingresaran a las Juntas de Acción Comunal, prestaran servicio social y se involucraran en el tejido comunitario. Eso no es discurso: es estructura institucional.
Otros hablan de educación como consigna. Ella gestionó recursos para que Matrícula Cero fuera una realidad para estudiantes vulnerables de la UTP, cuando aún no era moda nacional. Eso no fue un anuncio: fue una negociación política, presupuestal y técnica.
Otros se envuelven en banderas sociales solo cuando conviene. Juliana ejerció control político real sobre violencia de género, discapacidad, abandono institucional y ejecución presupuestal. Señaló retrasos, denunció devoluciones de recursos, incomodó secretarías. Eso tiene costo. Y lo asumió.
La diferencia es simple y brutal:
Hay candidatos que prometen lo que Juliana ya hizo.
Hay otros que quieren llegar al Congreso para “aprender”. Ella ya pasó por el ejercicio duro del poder regional, donde se decide, se firma y se responde.
En política, la experiencia no es un eslogan. Es un expediente. Y cuando uno revisa los expedientes, el ruido se cae solo.
Risaralda no necesita más candidatos aprendiendo a representar. Necesita representantes que ya hayan demostrado que saben hacerlo.
Y ahí, sin maquillaje ni marketing, Juliana Enciso juega en otra liga.
Entonces, si no tenía claro por quien votar a la cámara por Risaralda; Juliana Enciso quiza sea la mejor opción para usted y nuestro departamento. Recuerde votar U-CR 101
Juan Nicolás Gaviria es economista y magister en Administración de Empresas de la Universidad Javeriana de Bogotá. Especialista en Gestión Tributaria y Aduanera de la Universidad Libre Pereira, Empresario y emprendedor serial, presidente y fundador del primer sindicato de empresarios del país “Siempre Colombia». Agudo columnista de opinión en GQ Tu Canal.
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