AMENAZA CON SUSTO DE SOBREMESA

​Un plebiscito es uno de los mecanismo de consulta al elector primario, este puede ser convocado por el Presidente de la República y sus decisiones son de obligatorio cumplimiento por parte del ejecutivo, “ la decisión tomada por el pueblo en la consulta será de obligatorio cumplimiento…… siempre y cuando haya participado no menos de la tercera parte de los electores que componen el respectivo censo electoral”.

Esto dice el articulo 55 de la ley 134 de 1.994, norma revisada en el 2.015 cuando el congreso, a instancias del presidente Santos, adecuaba las condiciones exigidas para que el si no pudiera perder; así, para la aprobación del plebiscito, se requería solo la aceptación del 13% del censo, es decir de 4.5 millones de votos positivos, si ellos fueren mayoría.

​Santos repitió no una ni dos ni tres veces, era una letanía su compromiso de que el acuerdo de La Habana sería sometido a la refrendación de los colombianos, también repitió el mismo compromiso el ex de todo, el doctor De la Calle, decía clarito: si no hay aprobación en las urnas, sencillamente no hay acuerdo.

​Con una abstención no registrada en décadas, cuando 10.469.983 votos válidos de los 34.899.945 electores que componían el censo electoral, es decir con una abstención del 62.59%, perdió el SI, allí empezó la gimnasia política, en solo 40 días logró que congreso y las cortes para que, con un maquillaje superficial, argumentar que el congreso puede reemplazar la voluntad del elector primario, con solo cambiar puntos y comas a lo que era la misma perra con distinta guasca.

​Ahora Petro, a través de Benedetti, el nuevo zar de este gobierno, el que no da puntada sin dedal, vale decir el que cambia lámparas viejas por lámparas nuevas, retoma la consulta popular esta vez al revés, Santos y De la Calle lo hicieron para torcerle la voluntad al pueblo y Petro lo quiere para pasar por encima del otro poder, el congreso ya minado por el mago de oz, quien toca la flauta, los puestos y quien sabe más promete para que los legisladores, los negociantes del voto, los ingenuos que no hacen cuentas y prefieren el pájaro en mano a cambio del aval para su reelección y quizás de enemistades costosas.

El presidente Petro ahora propone golpes duros para pasar por encima de las instituciones y así gobernar como lo quiere su egolatría; convoca a todas las formas de lucha: compra Legisladores baratos, convoca al pueblo a consultas populares que suponemos se tratará de un plebiscito, para que, sin discusión ni enmiendas, le den patente de corso, acusa de traidores a todos aquellos quienes no son como los terneros grandes, los que maman de rodillas y despide a quienes no tragan entero.

En cuanto a los violentos, al ala agresiva de su cohorte, es nuevamente convocada, la destructora que ya se mostró con el prefabricado estallido destructor, el mismo que se reprodujo en el día de la mujer, cuando encapuchadas lo emprendieron contra lo que es: bello o útil o ajeno e indefenso, a ellas se sumarán los incendiarios prepago y los indígenas quienes salen a apoyar todo aquello que en nada les concierne.

​Será que otra vez nos darán de la misma medicina pasando las decisiones de una a otra cancha hasta que con cara gane él y con sello perdamos los colombianos, quienes parece empezamos a despertar y a entender que a nosotros también nos está pasado lo que arruinó a Venezuela, a Cuba, a Nicaragua, a la antes poderosa Argentina.