El 30 de agosto fue siempre la fiesta de la ciudad. Sin importar que las celebraciones fueran grandiosas, buenas o mediocres, en el corazón de cada pereirano siempre ha habido una razón para celebrar, pero, ante todo, de agradecer.
Con la cosecha grande de octubre a la vista, desde antaño la celebración cobró nombre propio porque además de haber sido en el país en tiempos de la bonanza cafetera el municipio con mayor producción de café por hectárea, la cosecha y el aniversario y los pereiranos de todos los días siempre nos levantamos cada día a cosechar las metas de nuestros sueños.
Veinte días después del terremoto en una mezcla de sinsabores y de sentimientos encontrados, solo podíamos recordar que nuestra patria chica estaba de un cumpleaños sin felicidad.
El 30 fue el aniversario del dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos, de los heridos con lesiones graves, de las pérdidas materiales de muchos años de duro trabajo y esfuerzo honrado construyendo valiosos patrimonios que se perdieron en los 90 segundos más trágicos de la historia de Pereira.
El 30 fue el aniversario de la impotencia de los gobernantes, de la insuficiencia de las ayudas ante la magnitud de las pérdidas, del desconcierto de los expertos en construcción, de la confusión, de la incertidumbre y como siempre, inevitablemente, el aniversario de la esperanza y de la fe en lo que hemos sido y somos como sociedad solidaria.
Los días después del terremoto tendrán que rendirles homenaje a las víctimas cumpliéndoles con las ayudas, con los auxilios del Estado que deben ir más allá de los tres meses de lo que se les ocurra y de lo que pueden, mientras tanto.
Y los días después del terremoto tendrán que ser para las lecciones que hemos dejado de aprender en materia de riesgos y desastres, conscientes como somos que el territorio que nos habita y amamos es deleznable, vulnerable al extremo y para siempre expuesto al estremecimiento de la tierra, que será siempre grave y de alto riesgo si no construimos con las normas de sismo resistencia que hicieron posible que el desastre no fuera todavía más grande. Mayúsculo, si se quiere ver de esa manera.
“Somos como leves briznas al viento y al azar”, dijo Barba Jacob en su poema “la canción de la vida profunda. Eso somos como humanos y eso son los bienes terrenales que en su agonía despreció Alejandro Magno luego de construir un imperio. Quizás por eso existe la siempre infaltable medicina social de la solidaridad, que hace menos duro cualquier aniversario, por fatal y doloroso que sea.
Luis Garcia Quiroga es director fundador de GQ Tu Canal. Periodista con 50 años de experiencia (1975). Abogado de la Universidad Libre. Trayectoria en radio, prensa, TV y medios digitales. Columnista de GQ Tu Canal




