Karl Schmitt (1.888-1985) fue uno de los autores alemanes de teoría política y jurídica más controvertidos en el siglo XX.
Suya es la caracterización de cualquier actividad política mediante un binomio que ha hecho historia: “ El fenómeno de lo político puede ser comprendido solo mediante la referencia a la posibilidad real del reagrupamiento amigo-enemigo, prescindiendo de las consecuencias que de ello se derivan en cuanto a la valoración religiosa, moral, estética o económica de lo político mismo”.
“Si desaparece esta distinción desaparece la vida política en general. Un pueblo dotado de existencia política no puede en absoluto sustraerse, con proclamas juradas, a esta distinción fatal…si una parte del pueblo reclama no reconocer ya ningún enemigo, ello significa que se alinea, según la situación del momento, de parte del enemigo y lo ayuda…”
Schmitt fue pues un brillante enemigo del pluralismo político y de algo que denominó “liberalismo burgués de origen anglosajón”, anotando que este sistema habría fundado… “una doctrina de la división y del equilibrio de los “poderes”, o sea un sistema de vínculos y de controles sobre el Estado que no puede ser considerado como una teoría del Estado o como un principio político constructivo”.
De tal manera consideraba que sin la lucha permanente entre contrarios no existe la política.
Aunque personajes como Gaitán, Laureano Gómez Uribe o el mismo Petro no mencionen a Carl Schmitt, es evidente que la forma como concibieron la lucha política encaja en las ideas de este. Y agreguemos que estas mismas ideas han encontrado eco no solo en sectores de la extrema derecha internacional, sino entre la extrema izquierda.
Así puede considerarse la persecución montada por los partidarios del “socialismo del siglo XXI” en Venezuela, para quienes “el otro” no es propiamente un sujeto de derechos, sino un despreciable enemigo. Algo que el mismo Schmitt había pronosticado, al afirmar que su clasificación “amigo-enemigo” es aplicable a cualquier sistema político, incluyendo el marxismo-leninismo, y en consecuencia tendría validez científica.