LOS ELEFANTES NO OLVIDAN, EL EGO DEL DOMADOR TAMPOCO

Los elefantes no son como ciertos políticos que una vez resultan elegidos pierden la memoria y solo la recuperan cuando inútilmente buscan la reelección. Son conocidas las historias de elefantes demostrando su gratitud y también de desquite. 

De allí procede la expresión “tiene memoria de elefante”, que en el caso de la relación de ese gigante mamífero con el hombre no solo es válida para referirse a los buenos tratos y los mejores momentos, sino también y en especial, a los malos tratos y al sufrimiento infringido por la maldad humana.

En Pereira se encuentra de visita el circo Gasca que por razones legales ya no puede trabajar con animales amaestrados. Este circo sigue manejando animales en otros países como Ecuador donde no está prohibido el espectáculo circense con fauna.

En el caso de las fieras como tigres y leones los mantienen en jaulas.  Con los elefantes, era usual verlos con sus extremidades amarradas con cadenas ancladas en el piso para garantizar la seguridad del entorno. Las cadenas son como las jaulas, que así sean de oro, representan el oprobio de la esclavitud, el sometimiento y el maltrato.

Es el caso de Kim, la hermosa elefanta del Bioparque Ukumarí. Ella y Maggi, la otra elefanta, alguna vez fueron pertenencia del circo Gasca, ahora bajo la tutela del Bioparque, donde han sido protegidas en su salud mental y un programa de rehabilitación de entorno que recrea la sabana africana de donde nunca debieron salir.

Mi amigo el experto médico veterinario Luis Fernando Canizales, ex director del legendario Zoológico Matecaña, se indignó con el video del adiestrador del circo Gasca en redes sociales, en mi opinión, un show publicitario que hace cada que viene a Pereira y que esta vez se encontró con el gerente Raúl Murillo ordenando su retiro del Bioparque.

El Dr. Canizales publicó un escrito enfocando su crítica en lo que denomina el ego del viejo domador farandulero que le importa un carajo el esfuerzo de profesionales de la medicina veterinaria especializados en el comportamiento de la fauna y de sus costos de hábitat.  

“Kim, quieta y arriba” le gritaba Gasca en inglés. El video muestra a Kim parada en sus patas traseras y agitando sus grandes orejas a la vez que emite sonidos, quizás recordando los amargos días en que le arrancaron los colmillos y de duro entrenamiento con refuerzo negativo (si no obedece, tiene castigo). 

El señor Gasca está en el lugar equivocado perturbando a Kim. Me consta que la nueva administración del Ukumarí hace feliz a Kim y demás animales del Bioparque. 

No creo que la prodigiosa memoria de Kim le haya dado para alegrarse al ver a su antiguo amo. Sus gemidos eran de dolor. Nuestra voz es de protesta.