EL MISERABILISMO

La corrupción es tan antigua como la humanidad, y ha permeado todas las civilizaciones. Según el mito judeocristiano comenzó cuando Adán y Eva (tentados por la serpiente, que era algo así como la Odebrecht de esa época), saborearon el fruto de un complejísimo árbol que permitiría escoger entre lo bueno y lo malo. Con semejantes antecedentes no parece tan desafortunada la frase del expresidente Turbay Ayala, según la cual buscaría “reducir la corrupción a sus justas proporciones “.

En 1967, el teórico político Guy Debord publicó “La société du spectacle”, donde sostiene que todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en representación: existe una poderosa industria que se encarga de reducir ciertos hechos sociales a mero espectáculo; el cual se vende, las 24 horas del día, a través de unos medios que deben enfrentar la feroz competencia del mercado. Esta sería la única realidad para los integrantes de una sociedad donde las relaciones entre esta clase de mercancías han suplantado los contactos entre las gentes, aumentando así nuestro nivel de alienación.

Los estudiosos del mercado detectan ciertos tópicos que son los que más “se venden”. En cualquier parte del mundo es un hecho innegable que las noticias sobre desgracias humanas tienen audiencia superior. Si observamos los noticieros de la TV producidos por Caracol o RCN encontraremos que algún conductor borracho o un atraco grabado por cámaras de vigilancia, tienen prioridad en el tiempo de mayor audiencia sobre asuntos de trascendencia social como las decisiones judiciales sobre el aborto o los derechos atribuibles a las minorías.

Este fenómeno ha sido definido por politólogos europeos como “miserabilismo”: tendencia mediática consistente en destacar los aspectos negativos de la vida social e ignorar o subvalorar las noticias positivas. Lo cual sucede también con respecto a otros aspectos de la vida humana, como las modas o la permanente creación de imaginarios sexuales, con cuyo manejo los “miserabilistas” explotan de manera rutinaria a unos espectadores que carecen de defensas ante esta verdadera catarata mediática. Y no lo olvidemos: ¡Detrás de la desinformación, llega la manipulación y el control político económico!
AGM-6-1-2025